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Cameron busca frenar la independencia de Escocia
Alex Salmond llegó al Gobierno escocés con la promesa de celebrar un referendo sobre la independencia del Reino Unido. Sin embargo, pretende realizarlo recién en 2014 para tener tiempo de despejar
los temores de los electores.
Las autoridades británicas evaluaron ayer propuestas sobre el otorgamiento a Escocia del poder de convocar a un referendo vinculante sobre su independencia, y comenzaron las discusiones para establecer un límite de tiempo para ello, posiblemente dentro de los próximos 18 meses.
El referendo en Escocia sería una elección entre abandonar o permanecer en el Reino Unido y no habría opción para una mayor delegación de poderes dentro de un esquema de autonomía.
El Gobierno escocés considera que deberían ser ellos quienes decidan en qué tiempo y forma se debe celebrar el referendo.
El gobernante Partido Nacionalista Escocés prometió un referendo para la segunda parte de su mandato, con 2014 como el año elegido. Pero Downing Street considera que sin el apoyo de Westminster (parlamento), cualquier resultado de esa votación no sería vinculante.
Por su parte, la viceprimera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, acusó a Cameron de «intentar descaradamente interferir» en una decisión que debería ser tomada por el Gobierno escocés para la población escocesa.
«Son las condiciones que impone (Londres) las que los desenmascaran. Westminster está tratando de interferir. Tal vez debería relajarme porque cuanto más trata de interferir un Gobierno conservador en la democracia escocesa, mayor será el apoyo a la independencia, pero aquí hay un tema clave de principio democrático», destacó la funcionaria.
La vicepremier escocesa calificó la posición de Londres en cuanto a la «legalidad» del referendo como «absurda» y dijo que preferiría una respuesta sí/no al voto, aunque admitió que existe un gran número de electores en Escocia «que favorece la independencia financiera, pero no la política».
Tras las acusaciones, Cameron negó tratar de «dictar» los términos del referendo escocés y dijo que el futuro de ese país «debe ser decidido por su población».
«Ese voto debe ser legal, justo y decisivo», sostuvo el mandatario británico, quien la semana pasada admitió que la independencia de Escocia afectará no sólo la economía de esa nación, sino también la de todo el Reino Unido.
Tras la reunión de ayer, el portavoz de Downing Street indicó que la Ley de Escocia de 1998, que permitió la «devolución» de poderes de Londres a Edimburgo y la creación de un Parlamento escocés, dejó claro que los temas constitucionales «están reservados para Westminster».
El Reino de Escocia fue un Estado independiente hasta 1707, fecha en la que se firmó el Acta de Unión con Inglaterra, para crear el Reino Unido de Gran Bretaña.
La unión no supuso alteración del sistema legal propio de Escocia, que desde entonces ha sido distinto del de Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte, por lo que es considerada en el derecho internacional como una entidad jurídica distinta.
La creación de leyes propias, y de un sistema educativo y religioso diferenciado forman parte de la cultura escocesa y de su desarrollo a lo largo de los siglos.
En ese sentido, y surgido en el siglo XIX, el independentismo escocés ha ganado influencia desde finales del siglo XX, y cobró un nuevo impulso tras la victoria por mayoría absoluta del SNP en las elecciones de mayo de 2011.
Agencia ANSA


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