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Carabajal: “El folklore romántico se agotó con Los Cantores del Alba”
Peteco Carabajal: «Con todo el respeto que pueda tenerle, no creo que tengamos que levantarle un monumento a Soledad. Si no qué queda para Yupanqui, el Cuchi Leguizamón o Mercedes Sosa».
Como sea, el disco que se dispone a presentar entre el 12 y el 15 de marzo en el teatro ND/Ateneo, es una rareza en la historia de Carabajal. Incluye temas de Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Luis Alberto Spinetta, Rubén Blades, Atahualpa Yupanqui, etcétera. «Entre esos artistas que de algún modo forman parte de mi aldea faltan, por ejemplo, Violeta Parra, Alfredo Zitarrosa, el Cuchi Leguizamón con Castilla, Eduardo Falú con Dávalos, hasta Gardel».
Periodista: ¿Cómo recibió la gente del folklore, su «aldea» más habitual, esta movida suya?
Peteco Carabajal: Yo pienso que la casa del folklore tiene que ser muy amplia. El folklore es, a mi criterio, todo lo que vivenciamos, nuestra memoria, nuestra piel. Entonces, para mí, Spinetta o Serrat o Silvio Rodríguez forman parte de mi casa. Por otro lado, todas las canciones que forman parte del disco -salvo las nuevas, claro- vienen estando en mi vida desde hace mucho. Y cuando estoy en reuniones privadas, jamás canto mis temas; casi siempre son éstos los autores y las canciones que aparecen. Pero para responder a su pregunta, le diré que me preocupa poco lo que piensen los que creen en los espacios cerrados. Y le diré también que este verano, en los festivales, estuve haciendo algunas de las canciones del disco, y la gente lo recibió muy bien. «Mediterráneo», por ejemplo, es un tema que está en el sentimiento de todos, y nadie se pone a pensar si es o no folklórica para disfrutarla.
P.: Usted ha quedado ubicado de manera equidistante entre los tradicionalistas y los renovadores del folklore y, en consecuencia, todos lo consideran uno de los suyos. ¿Cómo vive esa situación?
P.C.: Es hermoso sentirse querido y respetado por los compañeros. Pero lo que sé es que yo hago lo que me parece bien y siempre estoy seguro de lo que hago, y no me modifican ni los halagos ni las críticas. Para mí, los valores que cuentan no son tanto de tradicionalismo o renovación, sino de sabor. A veces escucho por radio a algunos artistas que tratan de hacer las cosas bien, mezclando géneros, trabajando las armonías, pero carecen de sabor. Por otro lado, escucho también artistas que tienen «tierra» en lo que tocan, pero se despreocupan por las letras, como si subestimaran la poesía. Cada uno sabrá dónde coloca el punto medio entre una cosa y otra.
P.: ¿Cómo considera la corriente «romántica» que están cultivando varios artistas del mundo del folklore?
P.C.: Me parece que ese modo de hacer folklore se agotó con Los cantores del alba. Nunca fui fanático de ese modo del folklore, pero en todo caso, ellos fueron los creadores. Ahora veo que se está repitiendo la fórmula. A veces me resulta patético ver cómo algunos cantantes buscan desesperadamente estar en la onda y vender muchos discos.
P.: ¿Ya pasó ese momento de nuevo boom del folklore que se vivió con la llegada a la escena de Soledad?
P.C.: Con todo el respeto que pueda tenerle, no creo que debamos caer en la idea de que hay que hacerle un monumento a Soledad; si no, qué quedaría para Yupanqui, para el Cuchi, para Mercedes Sosa. Me parece que hay gente que a lo largo del tiempo se mantiene, sigue componiendo y cantando sus temas, trabajando en todo el país. Hay otra gente que forma parte de la cresta de la ola y de otro tipo de fenómenos. Eso puede hacernos confundir, por épocas, con que hay o no un boom.
P.:¿Por qué eligió el ND/Ateneo, una sala más pequeña que las de la avenida Corrientes, para esta presentación?
P.C.: Conmigo se da que trabajo muchísimo y muy bien durante todos los festivales de verano, y aún el resto del año por todo el país. Pero en Buenos Aires siempre se me hace complicado apuntar a un teatro grande. Por eso, vamos a presentar el disco, completo, en esta sala que está más a mi medida y que, de paso, me permite una cercanía mayor con el público.


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