15 de noviembre 2013 - 00:00

“Cenicienta”: un entretenimiento de alta calidad

Visualmente deslumbrante y muy bien interpretada por bailarines del Ballet Estable, la “Cenicienta” que podrá verse hasta esta noche en el Colón es un entretenimiento, de muy buen nivel, pero entretenimiento al fin.
Visualmente deslumbrante y muy bien interpretada por bailarines del Ballet Estable, la “Cenicienta” que podrá verse hasta esta noche en el Colón es un entretenimiento, de muy buen nivel, pero entretenimiento al fin.
"La cenicienta", ballet en dos actos y cuatro cuadros. Mús: J. Strauss II (orquestación completada por J. Bayer). Coreog: R. Zanella. Ballet Estable del Colón. Dir.: L. Segni. Filarmónica de Buenos Aires. Di.: E. Siffert (Teatro Colón, 12/11).

Para disfrutar de la producción del ballet "La cenicienta" que el Colón presenta hasta esta noche es menester predisponerse a un entretenimiento. De alta calidad, sí, pero entretenimiento al fin. Creado por el veronés Renato Zanella mientras era director de la compañía de la Ópera de Viena, "La cenicienta" parece un producto (la elección del sustantivo es consciente) destinado al público de esa ciudad, que seguramente habrá disfrutado más de ciertos guiños y referencias.

Meritorio es el rescate que Zanella hizo de una partitura inconclusa y casi olvidada de Johann Strauss hijo, a quien sus valses, polcas, marchas y otros ritmos hicieron famoso al igual que sus operetas. Muchas veces injustamente despreciada por su "ligereza", la música del compositor y violinista fallecido a las puertas del siglo XX es siempre inspirada, su orquestación es delicada y su constitución sólida. Justamente como exaltación de la figura de Strauss II, el más emblemático de los músicos que desarrollaron su carrera en Viena, Zanella hace de él el "hada madrina" del cuento de Perrault, en una elección que resulta tierna y emotiva; Strauss tiene en Alejandro Parente a un intérprete soñado. Él será quien cambie el destino de Greta (encarnada con la mezcla perfecta de ingenuidad y desenvoltura por Natalia Pelayo), la joven y modesta diseñadora de modas, hija adoptiva de Madame Leontine (una magnífica encarnación de Igor Gopkalo).

Todo sigue los rieles del argumento tradicional, con la diferencia de que la acción transcurre en el frívolo y efímero mundo de la moda. Gustav, destacado modisto impecablemente bailado y actuado por Edgardo Trabalón, se enamorará de Greta y la encontrará, para desesperación de su madrastra y sus caricaturizadas hermanastras (muy bien Paula Cassano y Daiana Ruiz). Las fiestas del primero y segundo acto incluirán la presentación de estrellas de la danza, los "primi ballerini" Cerrini y Guerra (Luana Brunetti y Fabrizio Coppo, correctos pese a notorias vacilaciones) y un muy vistoso desfile de modas. En líneas generales el equipo coreográfico responde bien a un lenguaje que no depara sorpresas ni emociones.

En lo visual descuella el maravilloso vestuario de Aníbal Lápiz, una cátedra de imaginación, buen gusto y texturas, en la línea estética de la pieza. La escenografía de Juan Carlos Greco y la iluminación del propio Zanella completan adecuadamente el marco.

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