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Colonos ultras, una amenaza que aumenta
"No se aplica la ley con la fuerza suficiente, tal y como no se hizo hace 19 años", recordaba por entonces Dalia Rabin, hija del primer ministro israelí, Isaac Rabin, asesinado hace casi dos décadas por un miembro de la extrema derecha judía. Considerada una voz reputada, Dalia advertía que la atmósfera que vive el país es similar a la que precedió al magnicidio de su padre, cuyo pecado para los ultranacionalistas había sido estrechar la mano del líder histórico palestino, Yaser Arafat.
"Entonces, tampoco se dieron prisa en señalar a las figuras de la extrema derecha... Nadie de la banda clandestina judía fue arrestado, ni siquiera cuando había pruebas suficientes de que planeaban algo en secreto", advirtió en hace dos meses.
Los llamados "crímenes de odio", conocidos también como "política del precio", comenzaron en 2008 en torno a la colonia de Yitzhar, una de las más radicalizadas del país. Y aunque en principio se limitaban a pintadas y destrucción de propiedades palestinas en Cisjordania, durante el último año traspasaron la denominada Línea Verde, que marcaría la frontera del futuro Estado palestino, y alcanzado al propio Ejército israelí. Desde enero, se cuentan decenas de estas acciones.
La oleada de ataques estalló días después de que fuerzas israelíes destruyeran una serie de edificios ilegales en Yitzhar y de que habitantes de este asentamiento pincharan las ruedas del vehículo del comandante del Ejército israelí en la zona. A principios de mayo, una colona de Yitzhak fue criticada con dureza tras defender en internet el apedreamiento de soldados israelíes "aunque esto signifique su muerte".
Analistas como Chaim Levinson, columnista del diario de izquierda Haaretz, creen que se trata de un problema difícil de perseguir, ya que sus autores no pertenecen a una organización jerárquica, lo que reduce la efectividad de la Policía.
"No tienen un cuartel general, un presupuesto o una cuenta en el banco. Simplemente, el movimiento 'política de precio' es una idea. Sólo se necesita una ideología racista, un espíritu aventurero y unas decenas de shekels (la moneda local) para comprar spray, nafta u otro material inflamable y un mechero", agrega. Una visión que no comparten políticos y exresponsables de los servicios de seguridad, que hablan tanto de un movimiento organizado como de negligencia y peligrosa desidia por parte del Gobierno derechista que dirige el primer ministro, Benjamín Netanyahu. Se recuerda, en ese sentido que Carmin Gillon, jefe del servicio de seguridad interior Shin Bet en tiempos del asesinato de Rabin, dijo al diario Jerusalem Post que "no existe un deseo genuino de acabar con estos actos vandálicos".
Es en ese debate, de tinte político y con la frágil y amplia colación de Gobierno como protagonista, donde la mayoría de los analistas y responsables colocan un problema que muchos temen que a Israel le explote en las manos.
Agencia EFE y Ámbito Financiero


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