31 de agosto 2012 - 00:00

Cómo vender música a quien prefiere bajarla de la web

La industria discográfica está apoyando todo plan de venta de suscripciones musicales que permitan obtener dinero del target de público que perfectamente podría estar bajando las mismas canciones en forma gratuita e ilegal desde sus computadoras.

Una de estas empresas, Spotify, usó la estrategia de ofrecer stream musicales gratuitas para luego venderle al público suscripciones a su catálogo completo. Otra firma, Muve Music, se viene ocupando de formar una de las bases más grandes de suscriptores del negocio explorando el grupo de posibles clientes largamente ignorado por todo el mercado de música por la web. Es el tipo de público que probablemente ni siquiera tiene computadora.

Muve Music es un servicio de música pensado para la telefonía; vendido a través de la firma Cricket Wireless ofrece descargas musicales ilimitadas por 10 dólares al mes, a ser cobrados en la factura del teléfono celular. De muchas maneras, los usuarios de Muve desafían el perfil del típico consumidor de música digital, ya que son personas jóvenes y urbanas de clase media baja que no tienen tarjeta de crédito, ni tampoco una laptop o una tablet, sino que usan su celular para todas sus actividades en la web, combinación que sirve para que prefieran el plan mensual de Cricket Wireless.

Las cifras son imactantes, ya que desde su aparición en enero del 2011, Muve ya ha logrado más de medio millón de suscriptores, cifra que ubica a la empresa a la par de otros líderes de ese rubro, como Rhapsody, un servicio de música por streaming que ya va por el millón de usuarios, o el ya mencionado Spotify, líder que tiene 4 millones de clientes en 15 países distintos, aunque no le gusta especificar cuántos de esos usuarios están dentro de los Estados Unidos.

La pregunta es si sólo con esos 10 dólares de suscripción se puede pagar los royalties necesarios para que las discográficas licencien su música. La respuesta parece ser que sí, y probablemente sólo unos 3 dólares de la suma total que pague un suscriptor iría a las discográficas. Dicha suma suena irracionalmente pequeña, pero parece ser una estrategia para acostumbrar al público joven a pagar por la música en lugar de descargarla ilegalmente.

Diego Curubeto

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