11 de enero 2011 - 00:00

Conmueve al país la muerte de María Elena Walsh

María Elena Walsh, fallecida ayer en Buenos Aires a los 80 años: sus letras forman ya parte del acervo de la cultura popular de la Argentina.
María Elena Walsh, fallecida ayer en Buenos Aires a los 80 años: sus letras forman ya parte del acervo de la cultura popular de la Argentina.
A los 80 años murió ayer María Elena Walsh en el Sanatorio de la Trinidad, donde se encontraba internada víctima de una larga enfermedad. Nacida el 1 de febrero de 1930 en Ramos Mejía, era hija de padre irlandés y madre andaluza. Como recordó en más de una oportunidad, fueron las canciones populares que su padre le cantaba las que le sirvieron de inspiración para su propia obra para niños.

A los 17 años publicó su primer libro, el poemario «Otoño imperdonable». Hacia 1950 publicó su segundo libro de poemas, «Baladas con Angel», donde utiliza la forma de la balada, y que le inspiró su novio de entonces, el poeta Angel Bonomini. Por entonces, el ambiente intelectual de Buenos Aires, afixiado por el clima de persecución imperante durante el segundo gobierno peronista, la llevó a instalarse en París con Leda Valladares, compañera artística y afectiva, conformando un dúo que se dedicó a la interpretación folklórica de tradición oral de la región andina argentina.

En 1956, Leda y María, como se las conocía, regresan a la Argentina, recorriendo juntas el país con sus creaciones e incluso presentándose por televisión, para poco después, en 1963, seguir caminos distintos. Pero ya años antes Walsh había comenzado a escribir poemas, canciones y personajes infantiles, formas primeras de lo que luego serían «Tutú Marambá» y «Canciones para mirar».

Más tarde, el universo infantil de la escritora se consolida con «El reino del revés» y «Zoo loco», de 1964, «Dailan Kifki», de 1966 y «Aire libre», 1967, creaciones con las que marcó a muchas generaciones de argentinos. Pero María Elena Walsh también creó canciones para adultos con las que obtuvo gran éxito con su espectáculo «Juguemos en el mundo» (1968), acontecimiento cultural que influyó en la nueva canción popular argentina coincidiendo con intérpretes como Mercedes Sosa y Armando Tejada Gómez por un lado, e incluso con Astor Piazzolla por otro.

«Manuelita», «La vaca estudiosa», «Canción de Titina», «El Reino del Revés», «La pájara Pinta», «La canción de la vacuna», «La reina Batata», «El twist del Mono Liso», «Canción para tomar el té», «En el país de Nomeacuerdo» y «La familia Polilla» son parte de su repertorio infantil más clásico.

Entre quienes difundieron el cancionero de María Elena Walsh se encuentran Joan Manuel Serrat, Jairo, Rosa León, Mercedes Sosa y el Cuarteto Zupay. Sus letras aportaron también a la canción de protesta latinoamericana del mismo modo que se inspiró en temas como la emigración, el peronismo o la pacatería de las clases medias.

«Juguemos en el mundo» tuvo tal éxito que fue seguido de «Juguemos en el mundo II», en espectáculos como «Los ejecutivos» y «Diablo estás»; «El 45» o «Serenata para la tierra de uno». En julio de 1978, en plena dictadura militar y durante el Mundial de Fútbol, la poeta decidió «no seguir componiendo ni cantar más en público» y, en 1979, publicó en el diario Clarín un artículo titulado «Desventuras en el País-Jardín de Infantes», un texto de amplia difusión que generó polémica porque si bien deslizaba críticas a la censura imperante, al mismo tiempo legitimó la represión de la dictadura.

En 1985, ya en democracia, fue nombrada ciudadana ilustre de Buenos Aires y también en ese año y hasta 1989 integró, designada por el presidente Raúl Alfonsín, el Consejo para la Consolidación de la Democracia. De esa época data también su participación en televisión en el programa emblema «La cigarra», junto con Susana Rinaldi y María Hermina Avellaneda, que pese a todo no llegó a prosperar por falta de rating.

En 2008, publicó «Fantasmas en el parque», un texto con un importante componente autobiográfico, una forma que hasta entonces había eludido, pero que se presenta como una continuación de «Novios de antaño», su primera novela, que vio la luz en 1990.

Sus restos fueron velados hasta la medianoche de ayer en Lavalle 1547, sede de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic), y serán inhumados hoy a las 11 en el Panteón que la entidad posee en el Cementerio de la Chacarita.

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