El peronista Juan Schiaretti y los radicales Mario Negri y Ramón Mestre desplegarán hasta el jueves sus últimos esfuerzos para seducir a los aún indecisos e intentar inclinar la balanza a su favor hacia los comicios provinciales del próximo domingo, donde el gobernador (con el flamante sello de Hacemos por Córdoba) apuesta a cosechar una cómoda reelección que lo convertirá, en los hechos, en el gran elector del peronismo no kirchnerista de cara a la discusión por el 27-O.
Luego de las ya consumadas votaciones en Neuquén y Río Negro, será la primera elección general en una provincia grande -el segundo distrito electoral del país- tras una negativa cosecha de siete derrotas al hilo para Mauricio Macri en el desdoblado calendario 2019.
Allí Cambiemos terminará de medir en la cancha las verdaderas consecuencias de la implosión de la coalición local en marzo. Del duelo intestino a gobernador entre Negri (por Córdoba Cambia, aliado con el PRO y el juecismo) y Mestre (por la histórica Lista 3 de la UCR) brotarán lecciones con traducción en las tensiones entre el radicalismo y el PRO para el armado presidencial.
La fragmentación de la paleta opositora entre Negri y Mestre tiene un correlato directo en la puja por la intendencia de la ciudad de Córdoba, que en esta oportunidad votará en simultáneo con la contienda provincial.
Ese novedoso presente potenció las chances del peronismo, que sueña con el doblete de retener con brillo la provincia y de recuperar la conducción capitalina que hoy ostenta Mestre, de la mano de un triunfo del diputado nacional Martín Llaryora sobre el postulante de Negri, Luis Juez, y del candidato mestrista, Rodrigo de Loredo.
Tras el estallido de Cambiemos, Macri esquivó un desembarco electoral durante la campaña en la provincia que le significó el mayor triunfo en votos en el balotaje de 2015. Pero Negri revalidó el traje de ser el candidato con venia nacional, con un combo de visitas que incluyó a la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió (con repercusiones polémicas que podrían erosionarle las urnas), al porteño macrista Horacio Rodríguez Larreta (el pasado viernes) y, hoy, a María Eugenia Vidal.
En medio de las tensiones cambiarias y las especulaciones sobre un plan V para la Casa Rosada, la mandataria bonaerense había cancelado días atrás un programado desembarco de respaldo a Negri. Pero lo desplegará hoy, tras un temprano paso por el porteño Malba y con un formato más incisivo que sus avales a candidatos de otras provincias, que mutaron a videos o fotos. En el entorno del diputado nacional (quien ayer volvió a denunciar que la boleta única es “tramposa” y que “ya no hay garantías de transparencia en una elección”) no esperaban ayer más visitas esta semana.
Mestre, por su parte, continuará hasta el jueves con su intensa agenda de recorridas capitalinas y por el interior, aunque sin respaldos in situ de corte nacional. Ya fijó posición de cara al 27-O, al enfatizar que el radicalismo deberá “plantar las bases para un nuevo Cambiemos”, que el Presidente debe “dejarse ayudar” y que la UCR tiene mucho para aportar en ese sentido.
Mientras tanto, Schiaretti ajustaba ayer su también nutrida grilla de recorridas por el interior a la marcha del clima, díscolo por estas horas.
Para el jueves tiene ya agendado un cierre de campaña en la norteña localidad de Rayo Cortado (enclave recientemente beneficiado por la llegada del gas natural), junto a su candidato a vice, Manuel Calvo, y la primera candidata a legisladora provincial, Natalia de la Sota, hija del fallecido José Manuel de la Sota. Será la primera elección sin el exgobernador, cuya muerte en un accidente de tránsito en septiembre dejó a Schiaretti como único líder de la ex Unión por Córdoba y reconfiguró el presente y el futuro del peronismo cordobés.
El arco opositor nacional espera con especial expectativa el resultado del domingo: dan por sentada una amplia reelección de Schiaretti, referente de los gobernadores y de Alternativa Federal, y saben que se convertirá en el gran elector o árbitro del armado presidencial. Eso, de mínima. De máxima, el final de una potencial incursión nacional -si un operativo clamor se activara con contundencia, sin primarias y como única salida para el peronismo no kirchnerista, asociado con el socialismo, el GEN y sectores del radicalismo- está aún abierto.
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