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Cuatro films anticipan la Navidad en San Sebastián
El director Bent Hamer, rodeado por el elenco de su aplaudida comedia en competencia «A casa para Navidad».
«A casa...» se inspira en seis cuentos del libro de Levi Henriksen «Dejen regalos amables bajo el árbol». «La casa es, quizá, donde está tu corazón, de ahí el título», comentó el director. Así, por ejemplo, un borracho triste hace un larguísimo camino, un desplazado secuestra al nuevo marido de su esposa y se disfraza de Papá Noel para entrar a ver de nuevo a sus hijos, una pareja de refugiados logra seguir viaje a Suecia, donde tendrán un hogar, y un chico en vez de ir a la cena familiar preferirá quedarse en casa de una negrita musulmana.
«El escritor no la imaginó así», agregó Hamer «pero cuando se lo propuse le pareció una idea brillante. A la vez le propuse a mi hijo mayor que hiciera el papel de chico enamorado. Primero se entusiasmo, andaba como perro de circo, pero cuando le dije que debía besarla enseguida se apartó. No quería ser visto haciendo semejante cosa. Bien, ya sabemos que a esa edad son vergonzosos».
En cambio, una pareja de actores medio maduros y gorditos aceptó complacida protagonizar el sexto cuento: un enredo entre el hombre que debe volver a casa, y su amante que quisiera retenerlo. Dónde termina este cuento no corresponde decirlo. La gracia está en sus expresiones, y en la cara de la legítima (personaje graciosamente a cargo de la esposa del actor en la vida real). También gracioso, el relato de la filmación hecho por la actriz Nina Anersen-Borud.
«Cuando supe que debía hacer una escena de sexo me puse a dieta, empecé gimnasia, corría varios kilómetros, pero detestaba la gimnasia, así que dije está bien, que me vean como soy, con mi rollito y mi celulitis. Ay, después ves tu cuerpo en la pantalla enorme, y tan grande ese trasero que nunca te mirás, es bastante extraño. Y más rara fue la filmación. Nos pusieron unas cintas adhesivas color carne, para que no se vieran las partes íntimas, y quedamos que parecíamos barbies, sin sexo. Preferimos sacarnos esas cintas adhesivas, y ahí agradecí estar depilada. Pensándolo bien, yo agradecería que se aplique el consejo de un director sueco: cuando se filma una escena de desnudo, los técnicos y el director también deben estar desnudos. ¡Nosotros vistiéndonos después de haber puesto el cuerpo, y los demás muertos de risa mirando las tomas por el asist-video!».
Hamer concluyó, «Eso es espíritu navideño. Tratas de ser mejor persona, y hacer las cosas mejor, aunque los demás se rían cómodamente. No siempre lo logras».
* Enviado Especial


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