16 de septiembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Cada vez se habla más y cada vez se entiende menos. Menudean las reuniones en el alto nivel, se suman las supuestas soluciones y las evidencias nos dicen que Europa está tanteando y jugando al «gallito ciego», que a Obama se les disparen los índices de su economía. Y los mercados siguen como expuestos a aquello que los «mineros» del análisis son capaces de hallar en medio de las rocas que se les presentan. Cierto es que las bajas resultan mucho más lógicas que los repuntes que se organizan. Y a la vista está que el único modo de obtener ruedas con mejoras es realizando un entramado, dejando que lo malo permanente se quede allí, por un momento, y que la trama finita deje pasar alguna punta que pueda utilizarse como hilo conductor. Cuando nada aparece, los «pícaros» manipuladores de hechos ciertos, para convertirlos en intenciones supuestas, aparecen en escena. Y hay ejemplos frescos; de una reunión entre Merkel y Sarkozy surgieron rumores sobre que ambos países irían a «rescatar a Atenas...». Versión velozmente desmentida desde los propios gobernantes. Y en Italia, ante una reunión con funcionarios chinos, se echó a volar una versión todavía más fantasiosa: que los chinos estarían arreglando comprar deuda de Italia.... Pero todo sirve para el momento y en mercados que viven el día por día y que deben salpicar con algunas jornadas de rebotes las bajas consecutivas. Lo que no modifica la tendencia que más sirve -la de fondo- y donde todo permanece en la dirección negativa, apenas matizada en superficie por esos pequeños «milagros» que se hacen desde los escritorios y son ampliados a través de pantallas y de medios diversos.

Buenos Aires también desconcierta, como en los inicios de semana y respondiendo más directamente a señales europeas que a sus colegas regionales de América. Como durante el miércoles todos actuaron dentro de la misma onda positiva, allí el Merval quedó dentro de la caravana y sin poder hacerse distingos. La chance mayor que se posee es que la turbulencia sobre el dólar se encalme y al menos se detengan ventas en nuestro recinto, dejando posibilidad de mover el índice a favor, sin necesidad de acumular muchos negocios. Lo demás es solamente aguardar qué sucede afuera y que los operadores «copien» lo que les llegue del exterior. El mayor problema es el lógico desorden generado por larga secuencia de 2011, donde los «palos» fueron muchos y muy duros. Así estamos...

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