11 de octubre 2011 - 00:00

Cupones Bursátiles

Es relativamente sencillo lanzar una opinión/concepto, acerca de los activos accionarios que viven en depresión, asegurando el clásico: «todo está barato». La pregunta inmediata que esto merece es: «¿barato respecto de qué?».

O, en todo caso, «¿en relación con cuándo?». Porque así como al llegar la inundación de las bajas todos los papeles quedan tapados por el agua -si la misma se prolonga-, no es menos cierto que al estar en una fase de prosperidad «hasta los pavos vuelan» (o bien, «hasta las piedras flotan»). Siempre existirá la ineficiencia de las valuaciones de mercado, lo que es lo que otorga el permanente dinamismo del intercambio, entre los inversores. Suponer un mercado donde se pueda imaginar una «eficiencia» absoluta, también implicaría que los que venden -por caro- y los que compran -por barato- se verían neutralizados en el mismo punto, de la línea de corte. Y esto nos deriva en que si es muy riesgoso tomar cualquier título, solamente porque casi toda la Bolsa sube, también lo es el hecho de creer que toda la plantilla en oferta posee las cualidades para considerarse muy «baratas». Términos indudablemente subjetivos, caro y barato, se sabe que la mínima esencia práctica nos dice que: «una acción vale, lo que alguien esté dispuesto a pagar por ella». Vieja máxima de los mercados del mundo, con gran sentido de la realidad que pasa por encima de cualquier teoría, o razonamientos fundamentales. A sabiendas de ello, igualmente es muy importante que se destierra el concepto general, la manta que intenta cubrir a todos por igual, para aplicar la «sintonía fina» al momento de decidir hacer posición en zonas como la actual.

Sirve de mayor utilidad poseer la hipótesis de mínima, que la situación prosiga turbulenta, que nuestra propia economía -y sus empresas- se vean con viento contrario. Y que solamente un grupo de rubros, y gestiones, puedan poseer chances de sostener pisos confiables de realización. No todo lo que cotiza adquiere el rótulo de «barato», a menos que se quiera tomar como parámetro cotizaciones de antes de la pendiente. Y basarse en ello para afirmarlo. Pero, ¿en aquel momento eran las cotizaciones de todas las exponentes de precios merecedores? Un buen atajo resulta el de determinar -cada uno- qué papel actual merecería ser el de calibre más «barato». Y, a partir del mismo, desgranar toda la lista actuante, en función del «patrón bursátil». Es solamente una apreciación, (de ningún modo un consejo).

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