18 de noviembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

La semana se fue degradando al ritmo de las novedades que llegaban. Hasta el ocurrente mundo de Wall Street, capaz de contar una película de ciencia ficción, se vio superado con la tierra movediza del miércoles, perdiendo el 1,5 por ciento.

Sin embargo, desde las pantallas llegaban informes de la Reserva Federal mencionando mejoras en algunos segmentos de actividad. El gran temor que cala hondo, derivación de soluciones que no están a la vista, hizo que las ventas pasaran por encima de cualquier pecho valiente que se expusiera al desnudo. Así, lo que se observa es un jugar del «día por día», siempre con el siguiente resultado que está dentro del bolillero. Y para saberlo con exactitud, en el desarrollo siguiente.

En el ámbito local, el desempeño semanal se armó sobre una sola baldosa y así como el martes esto fue efectivo. Para el miércoles, el mercado del Merval tuvo que pagar con una baja mayor que las demás (y de respetables dimensiones). Esa búsqueda de liquidez inmediata, que otorga el sistema bursátil, para suplir restricciones en otros canales quedó sumamente reducida en estos días.

Los europeos continúan en un grito, por más cambios de figuras que se realicen. Ninguno de los postulantes, como de los asumidos, posee el perfil de «líder» que la situación reclama. Cuando el dinero no alcanza y las buenas intenciones menos, las cuestiones las solucionan los hombres de un país con el suficiente carisma, ángel, como se lo llama, que sitúe a la masa social dentro de sus lugares tradicionales. Pensar que porque Grecia, Italia, acaso España después vayan a firmar un documento en dirección a los deberes por realizar frente a la comunidad, la situación va a variar es -en principio- ignorar la virulencia social: que llama a las puertas de muchos gobiernos. Da la sensación de que los nuevos encargados «se la creen», en el sentido de que el anterior no servía y lo novedoso será eficaz. Tendrán que librar un primer test-match en cualquier momento. Y si la «rebelión social» se hace más dura, recién allí veremos cuál es el real poder que poseen los gobernantes de apuro. Tiempo de vacas flacas, además son de patas cortas, esperando por algún ignoto «príncipe» que les devuelva la imagen de país. Tiempos de severos peligros, a tener que «trabajar». La Bolsa más no puede mostrar en la parálisis de órdenes. Y ya no hay otro remedio (más que un Moreno prohibiendo bajar el índice. Es capaz). Pobreza.

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