21 de noviembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Interesante ensayo -publicado en el diario «Clarín»- realizado por Steven Davidoff (a quien le damos el crédito, como corresponde, aunque esto ya poco se estile) donde nos describe lo sucedido con la fallida entidad MF Global, que poseía en su seno un «consejo» de notables tratando sus negocios. El sesgo del trabajo va hacia un punto esencial. Y es que así como se sindica a las arriesgadas operaciones llevadas adelante por la cabeza más visible -John S. Corzine-, como causa exclusiva de la ruina de la compañía: el autor, con propiedad, se pregunta ¿cómo pudo ser que un consejo de probados expertos se haya mostrado tan insensato? Recuerde el lector, o si no lo sabía, que el virus mortal para la sociedad provino de haber invertido en «deuda soberana europea». Y potenciando el riesgo, al punto de financiarse con dinero de corto plazo. Lo que ocurrió es sencillo de deducir, al aparecer los primeros problemas sobre países de Europa: bruscamente se detuvo el ingreso de capital del tal financiamiento provisto. Después, la clásica «corrida» buscando el retiro de fondos y el castillo de naipes que se derrumba. Lo extraño sigue siendo lo que contiene la pregunta mencionada, porque según está documentado, los integrantes del «consejo» -sus directores- estaban al tanto de las operaciones y las aprobaron.

Algunos dicen que los directores, que tenían obligación de saber y detener la secuencia a tiempo, estaban intimidados por la fama de Corzene (y su cuna de Goldman Sachs). Pero los integrantes eran demasiado expertos, provenían también de entidades fuertes, como para ser engañados, o convencidos. Una buena reflexión del autor del ensayo es que hay que preguntarse por qué los «consejos» han fracasado: en muchas entidades que implosionaron. Y, para que la crisis no se desperdicie, si no es hora de crear una cultura que no acepte a ciegas aquello que un director ejecutivo decide proponer o realizar.

Nosotros lo llevamos más allá si trasladamos el caso desde una simple compañía a un gobierno -como se está viendo en Europa- cómo es que aquellos que forman parte del núcleo central admiten mansamente las decisiones de un líder que se considera un «iluminado». Y si esto no funciona, por qué los parlamentos no ejercen su poder para representar al pueblo y detener los desvíos, o el riesgo indebido. Es cierto, el mundo debe extraer las enseñanzas que impone la crisis, o se condena a otra igual (o peor).

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