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Cupones bursátiles
De qué modo se puede ingerir el pensamiento, no es tarea sencilla. En especial por la palabra «previsible», que no figura en ningún diccionario de operadores de mercado. Uno cree suponer que el relevante político ha querido decir algo así, como: que el mercado sea funcional a los designios de los gobiernos. Lo que sería sumamente agradable para todo tipo de gobierno, mucho más para los que resultan pésimos administradores de la cosa pública. Algunos párrafos dejamos marcados, para derramar en la columna de hoy. En un momento, Felipe González expresa que «los mercados hoy funcionan como un casino. Después tendré que pedir perdón a los casinos porque ellos sí tienen reglas...» (?). La eterna comparación, que además se utiliza desde el fondo de la historia. Y va más allá, al decir: «La gente que se dedica a la especulación, no es la gente de las finanzas que históricamente se ponía el servicio de la economía real. Una parte sustancial de la economía de hoy se ha financierizado (vocablo que inventa González) de manera extraordinaria y domina a la economía real...». Felipe se inunda de los versos políticos y afirma que: «Los mercados no tienen en cuenta el color ideológico del responsable del poder. Aprovechan sus oportunidades especulativas y ya está...». Siempre ha sido y siempre lo será, González, con tal tipo de expresiones es como haberse quedado en un romanticismo que sólo estuvo en los libros de texto, pero nunca a los mercados les importó ningún «color ideológico». Y, por otra parte, está totalmente ausente la autocrítica para los desaguisados de los gobernantes. Todo es culpa de «los mercados». Una sola aclaración podía bastar, para hacerlo comprender la realidad: ningún tipo de operador, o de mercado, ataca lo que es invulnerable -bien administrado- y solamente van en buena de los que cometieron una pila de errores de gestión. Y, de paso, preguntarle si cuando colocó deuda -en su Gobierno- hablaba del mismo modo que ahora. Un político de renombre, expresiones de aficionado. Lamentable.


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