11 de septiembre 2013 - 00:00

Damasco respira... y vuelve a su drama cotidiano

El mundo se esperanza con la apertura de negociaciones por Siria en el Consejo de Seguridad, que debería evitar un ataque norteamericano, pero la guerra civil no les da tregua a los damasquinos.
El mundo se esperanza con la apertura de negociaciones por Siria en el Consejo de Seguridad, que debería evitar un ataque norteamericano, pero la guerra civil no les da tregua a los damasquinos.
Beirut - Si bien un eventual ataque occidental a Siria parece alejarse, la guerra continúa en Damasco y el país se encuentra dividido entre los optimistas y los escépticos.

"La vida en Damasco no se detuvo ni siquiera cuando el ataque estadounidense parecía inminente. Así como tampoco se detuvieron los disparos de mortero. Todos los días salimos y no sabemos si regresaremos a casa", dijo Raja en una entrevista telefónica desde su hogar de Muhayirin, en las laderas del monte Qasiun, oeste de Damasco.

En la ciudad vieja, relató, por su parte, Maha, "la atmósfera es siempre la misma. Claro que el temor de un ataque estadounidense era evidente y por ahora sentimos que eso se postergó, pero no nos hacemos ilusiones". "Nuestros problemas son otros: la seguridad de nuestros hijos y el costo de vida de los servicios esenciales y de los alimentos", añadió.

Raja contó que "el tráfico es el de siempre" y aseguró que "todos los habitantes de Damasco que en los últimos días huyeron a Líbano por temor a bombardeos regresarán pronto a la ciudad".

Pero quienes no saben adónde escapar son los habitantes de Guta, suburbio de Damasco que desde hace más de un año es bastión de la oposición siria y desde hace meses, objetivo de la artillería y de la aviación del régimen de Bashar al Asad.

También ayer, mientras se buscaba un acuerdo diplomático entre Estados Unidos y Rusia, en Guta, donde el pasado 21 de agosto se produjo al parecer un ataque con armas químicas que causó centenares de muertos, hay voces críticas en contra de aquellos que habían prometido "castigar a Al Asad".

"Queríamos entender la diferencia entre un MIG (ruso) y un F16 (estadounidense), pero así (con el posible acuerdo) podremos seguir viendo sólo los MIG", afirmó, con ironía, Thair, activista de la oposición en Zamalka, este de Damasco.

En tanto, cerca de la plaza de los Abasidi, una de las "líneas de contacto" más duras entre los rebeldes de Jawbar y los leales reunidos en torno a la plaza del estadio del mismo nombre, convertido en un cuartel a cielo abierto, la familia de Ramez sigue con su vida de siempre, aunque con un cierto respiro pese al persistente clima de incertidumbre.

"Estábamos listos para hacer las valijas, pero no tenemos un país que nos reciba. Ahora tenemos un poco más de tiempo para buscar, para hacer contactos con amigos en el exterior", afirmó Ramez. "Me iré de todos modos. En Siria, nosotros y nuestros hijos no tenemos perspectivas desde hace tiempo", agregó.

Agencia ANSA

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