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De cómo argentinizar una fórmula hollywoodense
«Papá por un día» es una película igual a tantas del cine hollywoodense para preadolescentes, de modo que si ésas funcionan entre su público específico, ésta también.
En un chiste del «Patoruzú», allá a mediados del siglo pasado, le preguntan a un viejo el secreto de su buena salud. «Será que nunca le llevo la contra a nadie», dice. «Hombre, no será por eso», le retrucan. «Bueno, no será por eso». Con variantes, lo renueva aquí Gogo Andreu, y sigue siendo atinado. El cómico octogenario también tiene un chiste a costillas de Patricia Sosa, y un bastonazo en la cabeza de Cabré, dos momentos muy festejados por toda la platea. Pero, ya que estamos, ¿cuál es el secreto de la buena salud de una película como ésta? Bueno, será que nunca les lleva la contra ni a su modelo americano, ni a su público específico.
Entrando en detalle: ésta es una película igual a tantas del cine hollywoodense para preadolescentes, pero igual, nunca peor, de modo que si ésas funcionan, ésta también, y además tiene la salsita que le provee Gogo Andreu (dicho sea de paso, ¿en qué comedia norteamericana vamos a ver al abuelo y la nieta siguiendo un especial televisivo sobre Víctor Galíndez, el Leopardo de Morón?). Y en cuanto al público específico, bueno, cabe considerar que quizá los preadolescentes tengan un pensamiento pre-lógico, de modo que está todo bien. Las licencias argumentales, un ocultamiento innecesario, el caballo guía, el perrito guía, los chivitos, la prescindencia de trámites para que un joven se haga cargo de su pequeña hermanastra recién huérfana, la señora bien que decide mandar a la niña con las monjas (deliciosa Mónica Gonzaga: «las chicas educadas se quedan donde se las pone»), la doméstica malvada estilo telenovela, la celosa competencia de dos chicas por el amor de un joven bonito, el enfrentamiento como capitanas de sendos equipos de hockey femenino (anzuelo de preadolescentes voyeuristas), los ámbitos escolares, la inminencia de un casamiento, las cancioncitas en inglés (suerte que no bailan), etc., todo eso entra en un pensamiento pre-lógico, feliz, deportivo, también un tantito perverso (es apreciable cómo la rubia nueva le serrucha discretamente el piso a la novia oficial), todo ello sazonado en este caso con unas gotitas de melodrama a lo pequeña Andrea del Boca, pero sólo gotitas, como esencia de vainilla en un bizcochuelo, como para que el resultado sepa a bizcochuelo y no a cheese cake.
Locaciones de Orense, Tres Arroyos y Claromecó, foco femenino sobre las expresiones de Nicolás Cabré, foco general sobre Luisana Lopilato, Gimena Accardi, un lote enorme de pilchas, el juego de hockey entre divinas y provincianas, la nena Julieta Poggio y su perrito. Guión de Jorge Maestro, solo, sin nadie más a quien echarle las culpas. Dirección, Raúl Rodríguez Peilá («Dibu 3», «Peligrosa obsesión»). Todo bien pensado, salvo la mala salud de estas vacaciones de invierno.


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