Despojada “Norma” tiene buenas intérpretes

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«Norma». Opera en dos actos. Lib.: F. Romani. Mús.: V. Bellini. Dir. mus.: C. Calleja. Dir. esc.: O. Barney Finn. Esc.: E. Basaldúa. Vest.: M. Zuccheri. Ilum.: E. Sirlin. (Teatro Avenida; Próximas funciones: 6 y 8/5).

Para inaugurar su temporada 2010, la Asociación de ópera Juventus Lyrica eligió la ópera en dos actos «Norma», de Vincenzo Bellini. La obra configura un riesgo para cualquier compañía ya que, como para toda gran ópera, (y, por cierto, «Norma» lo es) se necesitan grandes cantantes, un aguerrido director de orquesta y un régisseur que cree el ambiente propicio para el desarrollo de la intensa tragedia de Soumet, que en muchos tramos recuerda a la «Medea» de Eurípides.

Inmersa en el más puro romanticismo europeo, «Norma» combina grandes arias, dúos y conjuntos de una belleza no habitual. Hay además una estrecha relación entre el argumento de Felice Romani y la música de Bellini.

Las exigencias vocales de los protagonistas son extremas siempre. El belcantismo está en las bases mismas del estilo de Bellini, que además refulge como genuina obra del lirismo clásico. Fue estrenada en Milán en 1831. María Callas se adueñó del rol y hasta hoy no ha sido superada por ninguna soprano del panorama lírico internacional.

Al levantarse el telón de esta nueva producción de Juventus Lyrica uno siente un vuelco en el corazón. La foresta sagrada de la Galia se ha transformado en un bosque de cañas de bambú que evocan más la Pekín pucciniana de «Turandot» que a la «Norma» de Bellini. Acostumbrados a la manipulación de espacios y tiempos históricos de la ópera según los caprichos de los régisseurs, se temió por una nueva aberración. Felizmente no es así. El diseño escenográfico, de bella plasticidad, de Emilio Basaldúa y las sugerentes luces de Eli Sirlin funcionan bien y el vestuario de Mini Zuccheri, menos afortunado, hace el resto.

Oscar Barney Finn maneja la totalidad haciendo hincapié en el trabajo dramático de los cantantes y de esa manera logra clima de tragedia. Algunos otros detalles no responden a la verdad escénica como la ausencia del mirto sagrado, aquí trocado en una vasija con ramas de muérdago, por ejemplo, cambio que suponemos fue adoptado por una cuestión práctica y de economía de recursos, optándose por una solución alternativa, aunque no aconsejable.

Carlos Calleja dirige con ímpetu y estilo a una Orquesta Académica de Buenos Aires que responde eficazmente y el Coro de Juventus Lyrica tiene una actuación acorde dirigido por Miguel Pesce. En el reparto sobresale Soledad de la Rosa como protagonista. En la función que presenciamos, su amplitud de registro, volumen y musicalidad le valieron una de las ovaciones de la noche. También lo recibió la joven y aguerrida mezzosoprano Guadalupe Barrientos, que interpreta «Adalgisa» con excelentes condiciones vocales y un timbre realmente interesante. La confrontación de ambas en muchos momentos de la obra produjo los mejores momentos de la «premiére». Esforzado y decoroso es el «Pollione» de Fernando Chalabe, muy exigido en el registro agudo, que el tenor sobrelleva con nobleza. Autoridad y buena voz hay en el «Oroveso» de Ricardo Ortale; María Eugenia Caretti y Hernán Sánchez Arteaga completan dignamente el elenco.

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