4 de agosto 2015 - 00:00

Diálogo de teatristas con emblemas del siglo XX

Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu estrenarán en la Sala Alberdi  “Invocación III: Brecht”.
Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu estrenarán en la Sala Alberdi “Invocación III: Brecht”.
Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu se consolidaron como autores y directores teatrales con "Los talentos" y "La edad de oro", dos obras de contenido autobiográfico en las que reivindicaron con ingenio su demorado pasaje de la adolescencia a la vida adulta. La misma dupla está exhibiendo en Timbre 4 una nueva obra, "Capitán", y el sábado 15, a las 21.30, estrenará en la Sala Alberdi "Invocación III: Brecht", que integra el ciclo "Invocaciones 2015" del Centro Cultural San Martín.

Según anticipa Jakob, dicho ciclo "se propone entablar un diálogo entre directores porteños contemporáneos y algunas figuras emblemáticas del teatro del siglo XX". En la edición de este año también participa Sergio Boris con "Artaud". Dialogamos con Jakob y Mendilaharzu.

Periodista: Y a ustedes les tocó lidiar con Brecht...

Agustín Mendilaharzu:
Lo aceptamos con bastante reticencia inicial. Nos preguntábamos ¿qué podemos aportar nosotros a la tremenda tradición brechtiana de esta ciudad? Hay preceptos brechtianos que ya están en el ADN del teatro porteño. En cada bar hay "expertos" en Brecht.

Walter Jakob: O que se creen expertos, que es lo mismo. Nuestro primer paso fue descubrir que no teníamos que aportar nada y eso nos liberó de una gran carga. Entendimos que nuestro trabajo consistía en escribir y dirigir una obra que como siempre nos interpele a nosotros y confiar que eso inevitablemente termine repercutiendo en los demás.

P.: ¿Hicieron una adaptación libre de "El círculo de tiza caucasiano" ambientada en el Far West?

A.M.:
Nuestro primer objetivo fue aplicarle un filtro brechtiano a la obra de Brecht, siguiendo la misma maniobra que él utilizaba generalmente cuando se apropiaba de una historia ajena. Él reelaboraba la pregunta original para volverla más insidiosa, más actual y más difícil de resolver.

W.J.: Escribió "El círculo de tiza caucasiano" a partir de una obra china medieval. Recontextualizó ese cuento, le inventó personajes y reelaboró la trama.

P.: Con su intervención, la fábula de las dos madres (una biológica, otra adoptiva) que se disputan la tenencia de un niño se politizó abiertamente.

A.M.:
La obra funciona como rémora de la siguiente pregunta: ¿de quién es la tierra, de quien la heredó o de quien la trabaja? Obviamente, la obra decide en favor de quienes trabajan la tierra. Y digo "obviamente" porque Brecht era marxista.

W.J.: Nosotros estábamos en pleno trabajo de adaptación cuando nos dimos cuenta de que habíamos sido demasiado ingenuos y que trabajar a partir de un texto de Brecht podía ser un problema por el tema de los derechos de autor. Pero también fue nuestro golpe de suerte, cuando vimos que nuestra obra era ésa. Ahora trata sobre un grupo de actores que están por estrenar su versión de "El círculo de tiza caucasiano", ambientada en el Lejano Oeste, y minutos antes de comenzar la función -por alguna razón que desconocemos los directores de la obra no están presentes- llega el asistente con la terrible noticia de que se encuentra en la sala el inspector de la asociación de protección autoral...

A.M.: Alertado por una nota periodística como ésta que estamos haciendo para Ámbito Financiero.

W.J.: El hombre viene al estreno para corroborar si lo que está haciendo este elenco es una versión de la pieza de Brecht, y de ser así, va a obligarlos a bajarla.

La obra que armamos es claramente una farsa en la que el grupo de actores se propone engañar al inspector haciendo una función especial en la que van a invisibilizar el texto de Brecht mediante improvisaciones. Entonces, ¿de qué se trata la obra de Mendilaharzu y Jakob? De un grupo de actores que engañan a un inspector.

P.: Con recursos desopilantes...

W.J.:
Bastante desopilantes, creemos. Al mismo tiempo esperamos que la obra sea brechtiana, en algún sentido, para cumplir con la consigna del ciclo. Hemos sustituido el prólogo de Brecht -donde planteaba si la tierra es de quien la hereda o de quien la trabaja- por esta otra cuestión: ¿los argumentos son de quienes los crearon o de quienes los trabajan? ¿Puede ser que haya un copyright de Brecht cuando Brecht mismo no paró de tomar argumentos de otros para retrabajarlos? Nuestra obra, más que dar respuestas, trata de agitar preguntas.

P.: Abordaron un conflicto que afecta muy de cerca a los teatristas independientes.

A.M.:
Nuestra invocación de Brecht resultó bastante severa, finalmente.

P.: No olvidemos que el teatro brechtiano es de carácter político.

W.J.:
Seguro. Pero es un teatro que produce ideas, no que pone en escena ideas preexistentes. Ésa es la diferencia entre una buena escritura, que descubre cosas mientras sucede, y una escritura que simplemente es utilizada para decir cosas que se saben previamente. En cualquier escritor hay un poco y un poco, pero los mejores escritores son aquellos que descubren nuevas ideas durante el proceso de escribir. Por eso a Brecht no se lo puede reducir a una puesta en escena con ideas de izquierda, se trata de algo mucho más complejo y contradictorio. Por eso es tan potente.

Entrevista de Patricia Espinosa

Dejá tu comentario