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Diálogos en Wall Street
Un repaso exhaustivo a las novedades de la Fed de la mano de Gordon Gekko -un economista que sigue como pocos los vericuetos de la política monetaria de los EE.UU.- arroja interesantes reflexiones sobre los próximos pasos que se incuban en la institución que conduce Ben Bernanke.
Gordon Gekko: Así es. Bernanke prefirió no machacar, no quiso sonar insistente. Total, sabía que íbamos a revisar las minutas. A su manera, al no repetir el discurso, le baja los decibeles al mensaje.
P.: No obstante, la lectura es transparente. La Fed está dispuesta a intervenir. A darle impulso a una recuperación alicaída.
G.G.: Así es. Pero no tiene excesiva prisa.
P.: Ni una idea clara de lo que tiene que hacer.
G.G.: No le faltan ideas. Sólo que ninguna es tremendamente convincente. Y la Fed no tiene definido tampoco un orden de jerarquía.
P.: Entonces, como no se decide por cuál es la alternativa superior, prefiere no hacer nada y tomarse su tiempo.
G.G.: En la reunión de agosto estrenó el mecanismo de «forward guidance». Usó la herramienta de la comunicación. Y transmitió el mensaje de que las tasas cortas se mantendrían sin cambios por los próximos dos años. Esa fue la decisión concreta.
P.: Una decisión de palabra.
G.G.: Seguro. Usted quiere hacer blanco en las expectativas. Lo puede lograr con hechos. Pero también la palabra sirve si resulta creíble.
P.: Por ahora parece que es muy útil.
G.G.: Distendió la crisis de nervios. Calmó a las fieras. No es poco, porque el propio frenesí del temor pudo generar una avalancha.
P.: ¿Alcanza? El daño de la economía no es sólo psicológico, hay un trastorno real.
G.G.: La Fed no lo niega. Reconoce el deterioro en el panorama económico. Está muy claro en las minutas. A partir de allí es que se barajan las diversas alternativas de política a mano.
P.: No se piensa, sin embargo, que sea un percance muy delicado.
G.G.: No una recesión.
P.: Si la hubiese, usar sólo la palabra sería un error.
G.G.: Sí. Y aun si no se trata de una recesión, una economía al borde del estancamiento necesitaría una inyección de estímulo más potente. De hecho, hubo miembros del Comité que querían que se adoptara una medida de mayor contundencia.
P.: ¿Quiénes?
G.G.: La minuta no da nombres que no estén expresamente discriminados en el comunicado oficial. Sólo se dice que fueron «unos pocos».
P.: O sea, por lo menos dos.
G.G.: Tal cual. Aunque no los movía una convicción tan fuerte como para no aceptar la decisión de la mayoría.
P.: Hubo, además, tres disidentes «oficiales».
G.G.: Correcto. Esos sí
están identificados: Plosser, Fisher y Kocherlakota.
P.: Los tres halcones, los tres presidentes de Fed distritales.
G.G.: Si me apura, arriesgaría que uno de los blandos fue Charles Evans, de la Fed de Chicago, otro presidente de distrito pero ubicado en las antípodas. No es el cargo, es la visión de cada uno lo que marca las diferencias.
P.: Para los gobernadores es más difícil disentir.
G.G.: Sí. Eso es lo que señala la propia experiencia. Pero uno de los dos (le repito, como mínimo, dos) que querían una acción más estimulante bien podría haber sido un gobernador y no el restante presidente de distrito, que es William Dudley, titular de la Fed de New York, y que es quien ejecuta las directivas de política.
P.: Y que generalmente está alineado con el chairman de la Fed.
G.G.: En efecto.
P.: Le pregunto todo esto porque el Comité, actualmente, está integrado por diez miembros.
G.G.: Hay dos vacantes no cubiertas.
P.: Quiere decir que en su seno hay una paleta de opiniones muy variada. Con halcones que no quieren ni siquiera hacer una seudopromesa de mantener las tasas bajas por largo tiempo y otros que abogan por arremangarse e intervenir más activamente.
G.G.: No debería sorprenderlo. El año pasado, cuando hubo que laudar por el QE2, el abanico era todavía más amplio.
P.: ¿Dónde ubica a Bernanke?
G.G.: Es obvio. Su posición es la que fija el rumbo. Se tomó la decisión que él favorecía.
P.: ¿Sucederá lo mismo en la próxima reunión?
G.G.: No tenga dudas.
P.: ¿Volveremos, entonces, a huir hacia delante?
G.G.: Es un tema abierto. Y Bernanke fue muy explícito, no tiene posición tomada. El cónclave suma un día adicional para permitir una discusión más profunda. A fecha -20 y 21 de septiembre- la Fed sumará más y mejores elementos de juicio.
P.: Comenzando con una tirada completa de indicadores económicos posteriores a lo que fue la tensión del 2 de agosto (la discusión por el techo de la deuda).
G.G.: No serán sólo los números de la economía. Obama y su plan económico recogerán el guante que le lanzó Bernanke a la política fiscal en Jackson Hole. Europa tendrá oportunidad de mostrar cómo organiza su juego.
P.: Buena parte de las turbulencias se les debe a ellos.
G.G.: Tal cual. Pero además la política monetaria del BCE debería ajustar sus parámetros. De hecho, las compras de bonos de deuda en los mercados secundarios (aunque no tengan efectos monetarios netos) son un elemento sustancial de estabilidad financiera. No se olvide que estuvimos a un tris de provocar otra crisis bancaria. Que Trichet haya dicho que las compras se extenderán hasta enero es un dato crucial.
P.: La Fed tiene varias herramientas a disposición. Entre comprar más bonos del Tesoro -el QE3- y la llamada operación twist -cambiar la duración de los bonos en cartera, comprando activos de largo plazo pero vendiendo los cortos-, ¿cuál cree que elegirá?
G.G.: Dependerá de la evaluación del shock. Creo que si la Fed puede sortear el trance apelando sólo a las estrategias de comunicación insistirá en ese camino.
P.: ¿Por qué? ¿Es el síndrome de quien tiene pocas balas en el cargador y teme quedarse sin munición?
G.G.: Usted tampoco tiene el arma ideal. No cuenta con un rifle de precisión sino con una escopeta. Tiene que tirar al bulto. Hay mucho riesgo de daño colateral. Y ya disparó con creces. Por eso pienso que primero viene la comunicación, y si no alcanza, entonces preferirá ensayar la operación twist (que no amplía su hoja de balance) antes que el QE3.


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