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Diálogos en Wall Street
¿Quién habla hoy? Para mercados que no saben dónde van, las palabras son la promesa (incumplida) de un bálsamo. Con la economía en el limbo, las expectativas orbitan en torno de lo que digan Obama, Bernanke, Trichet o quien fuere. En la opinión de Gordon Gekko, el alias de un trajinado observador de las finanzas internacionales, si los mercados están dispuestos a escuchar, los hacedores de política preferirán hablar en vez de actuar. Sólo si los mercados aprietan, como ocurrió con el franco suizo, la ejecución será veloz.
Gordon Gekko: Sobra incertidumbre, de ahí la necesidad de fortalecer el discurso. Es un anclaje útil para las expectativas.
P.: Pero... ¿no hay un vacío evidente? ¿No se precisa una acción más decidida?
G.G.: Si los mercados no aprietan, los hacedores de política no están demasiado convencidos de apurar la marcha. O, en el caso del BCE, de torcer el rumbo.
P.: ¿Usted piensa que los mercados no aprietan lo suficiente?
G.G.: Wall Street hace equilibrio sobre una fina capa de hielo. Pero resiste y, si lo mira con detenimiento, advertirá una suave tendencia al alza. No lo mire muy fijo porque se rompe, pero es así. Y la Fed, en esta encrucijada, piensa que hay otras políticas fuera de su esfera que serían mucho más apropiadas. De ahí que Bernanke hable, explique, dice que está listo, pero no lo urge la prisa. Nos conduce a la reunión del 20 y 21 y allí se verá. Mientras tanto le cede el paso a la política fiscal y a la intervención micro en el terreno de las hipotecas y la vivienda. Compare con el Banco Nacional de Suiza.
P.: Suiza quemó las naves. Su banco central se cansó de pelear con la apreciación sostenida del tipo de cambio flotante. Directamente fijó la paridad del franco suizo con el euro.
G.G.: De prepo.
P.: ¡Guerra de monedas! ¿Habrá represalias?
G.G.: Si el día de mañana Japón necesita hacer lo mismo no habrá derecho al pataleo.
P.: ¿Vuelve el mundo a las paridades fijas?
G.G.: No. Es una excepción, no la nueva regla. Pero es un experimento interesante. El Banco Nacional de Suiza acaba de estrenar otra variante de relajamiento cuantitativo aunque con un objetivo de precio -la paridad del franco suizo con el euro- y no estrictamente de cantidad.
P.: No sabe de antemano cuántos francos deberá emitir para preservar el tipo de cambio en el escalón deseado.
G.G.: Tal cual.
P.: ¿Cree que la Fed estará interesada en copiarle los pasos?
G.G.: Con un objetivo de tipo de cambio, no.
P.: Gatillar directamente una fuerte depreciación del dólar sí encendería la mecha de una verdadera guerra de monedas.
G.G.: Habría múltiples trastornos. Olvídese. La Fed sí podría interesarse por un objetivo de tasa de interés.
P.: Digamos una tasa del 1,75% para la tasa de los bonos a 10 años. Y tal vez, si su compromiso fuese creíble, no se vería obligado a comprar muchos bonos.
G.G.: Correcto.
P.: ¿Se imagina el QE3 formulado de esa manera?
G.G.: No lo descartaría. Pero, en mi opinión, no será el próximo paso de la Fed. Bernanke irá por los caminos que ya explicitó.
P.: La Fed está esperando que la política fiscal le despeje el camino. Que Obama consiga un acuerdo con los republicanos que le dé margen para actuar en el corto plazo.
G.G.: Eso pienso. La Fed no cree en la recesión. Y, como señaló Bernanke en Jackson Hole, entiende que, por ejemplo, políticas proactivas en vivienda podrían ser mucho más eficaces que su propio arsenal específico.
P.: Supongo que después de leer el Beige Book la Fed cree mucho menos en una contracción.
G.G.: Está muy claro. Si los mercados penan pero no se destruyen, Bernanke se guardará las cartas hasta el 21.
P.: Mientras tanto, ¿qué puede aportar el BCE?
G.G.: No espere mucho de Europa.
P.: Aunque no hay otro banco central con mayor margen de maniobra.
G.G.: Trichet acaba de subrayar que la gestión del BCE fue «impecable». No crea que piensa que el BCE ha fallado en lidiar con la crisis.
P.: La suba de tasas de interés, al menos, quedó archivada.
G.G.: Así es. No se olvide, por supuesto, que la Fed llegó a esa conclusión después de junio de 2006.
P.: ¿Habrá quórum para comenzar a bajarlas?
G.G.: Esta fue la penúltima reunión de Trichet. En octubre se retira. Le facilitaría la vida a su sucesor, Mario Draghi, si asume la decisión de revertir el curso de la política monetaria antes de irse.
P.: No parece muy dispuesto.
G.G.: Bastaría con arrojar algún indicio favorable y, sin embargo, no lo ha hecho. No obstante, el BCE realizó un sutil cambio de diagnóstico elevando los riesgos asociados a una menor actividad económica y recortando los que tienen que ver con la inflación.
P.: Tarde pero seguro.
G.G.: Como le decía, si los mercados no atropellan, el banco central girará con la lentitud de un transatlántico. Estrenar un timonel italiano y, en la misma maniobra, comenzar a recoger el velamen de las tasas de interés parece una dosis de relax demasiado audaz para el gusto de Francfort. Así que los tiempos pueden estirarse con facilidad...


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