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Diálogos en Wall Street
En la mejor tradición del folletín por entregas, la cumbre europea ya presagia que no resolverá lo que prometió y que deberá continuar su tarea en posteriores reuniones. El mundo mira absorto (pero tampoco aprieta el gatillo). Lo consultamos al experto que usa el alias de Gordon Gekko para saber cuáles son las trabas que dilatan un acuerdo.
Gordon Gekko: La disponibilidad de petróleo físico era la restricción operativa a comienzos de año. Lamentablemente, la recuperación -cuando todavía era briosa- chocó con ese límite. Se dio de bruces con la incertidumbre sobre la provisión de crudo y el consecuente salto del precio del petróleo; ahora que ese fantasma se despejó, no sirve de mucho. Tampoco quedan vestigios de vigor económico.
P.: Grecia es, en los hechos, más inasible que Libia.
G.G.: Claro. Usted no puede permitir que Grecia se haga trizas.
P.: Estamos en las puertas de una nueva cumbre europea. Y, como siempre, con el corazón en la boca.
G.G.: Europa respeta sus tradiciones.
P.: Ahora se menciona una segunda reunión la semana que viene porque será imposible acceder a un acuerdo antes del miércoles.
G.G.: ¿Qué quiere que le diga? Lo sabrán quienes están en la cocina.
P.: ¿No es jugar con fuego?
G.G.: Ésa es otra tradición. E incluye chamuscarse.
P.: ¿En qué quedó el supuesto pacto entre alemanes y franceses para potenciar el fondo de rescate a 2 billones de euros?
G.G.: Resultó un supuesto muy fuerte.
P.: ¿Lo desmintió Berlín?
G.G.: No. Esta vez le tocó el turno a Bruselas.
P.: ¿Era un bluff?
G.G.: Todavía no hay acuerdo. Eso es evidente.
P.: ¿Pero eso es lo que se discute?
G.G.: Todo lo que circula son versiones, más o menos creíbles, pero imposibles de corroborar. Se dice que ya se convino que la capitalización de los bancos europeos fije un requerimiento adicional de 100 mil millones de euros.
P.: O sea, en el límite inferior de las previsiones.
G.G.: Correcto.
P.: No convencerá a todos de que es un aporte suficiente para afrontar el temporal. Había quien barajaba una cifra tres o cuatro veces mayor.
G.G.: Otro rasgo europeo. Cuando hace falta un euro, tratar de cubrir el agujero con 90 céntimos. La antítesis del gran bazuka.
P.: Es increíble.
G.G.: Le diría que es de las pocas afirmaciones que no necesitan verse para creerse. Piense que en los exámenes de estrés los faltantes de capital que dictaminaron los supervisores europeos nunca llegaron siquiera a los 10 mil millones de euros. Siempre fueron cifras minimalistas: más bien en el orden de los 3.500 millones.
P.: Pero sabemos que esa estrategia de avestruz fracasó rotundamente. Y el sistema bancario está en capilla. ¿No dijeron Merkel y Sarkozy que harían todo lo necesario para terminar con el problema?
G.G.: Eso dijeron. Aunque ya mandaron a avisar que no hay que esperar milagros el próximo lunes.
P.: Si hay acuerdo en que la banca refuerce su patrimonio en 100 mil millones de euros, ¿dónde residen las discrepancias?
G.G.: El tema que no cierra es cómo potenciar los recursos del fondo de rescate.
P.: La Facilidad de Estabilidad Financiera (FEEF).
G.G.: Sí. Lo que The Guardian dio como hecho.
P.: ¿Cuál es la objeción? ¿El uso del apalancamiento?
G.G.: No lo sabrá hasta no ver la propuesta final. De las palabras de Sarkozy, el miércoles, uno deduce que Francia quiere transformar la Facilidad en un banco y Alemania se opone.
P.: Me imagino que tampoco le causará gracia al Banco Central (BCE).
G.G.: Tampoco. Pero no creo que existan alternativas divertidas.
P.: ¿Lo ve como algo sensato?
G.G.: Usted conoce mi posición. Europa ya quemó cartuchos valiosos. No debió haber dejado que la crisis se arrimara a España y, mucho menos, a Italia. Y ahora ya no respeta tampoco a Francia. ¿Qué alternativas tiene a mano para sortear la encrucijada?
P.: La idea de que el Fondo emita garantías parciales contra las pérdidas -la propuesta de Allianz o la que recoge The Guardian- ¿no es viable?
G.G.: Cuando tropezó Grecia, Irlanda y Portugal contribuyeron al fondo de rescate. Luego, ellos mismos necesitarían un salvavidas. ¿Cómo despejar los temores sobre la deuda de Italia? ¿Qué tan buena será una garantía de España o de la propia Italia?
P.: Es obvio que no tranquilizará a nadie.
G.G.: ¿Y si la emite Francia?
P.: Las agencias calificadoras tienen la lapicera en la mano para quitarle el rating AAA.
G.G.: Ése es el problema. Cada vez son más los golpeados y menos los que se mantienen indemnes. Y no son sujetos independientes; para peor, están todos atados a la cintura.
P.: Así planteado parece una trampa sin solución.
G.G.: Europa no debería ahogarse en un vaso de agua. Tiene un banco central con una hoja de balance que prácticamente no ha sido utilizada. En plena crisis, el euro cotiza por encima de su valor de paridad de poder de compra. Si el fondo de rescate obtiene una chapa de banco y tiene acceso al BCE como prestamista de última instancia, ¿cuál es el límite efectivo de su artillería?
P.: ¿Cuál?
G.G.: ¿Cuál es la exigencia que fija Basilea III? La Facilidad podría comprar deuda en el mercado secundaria y fondearse contra «repos». En el mercado o contra el propio BCE. Cumpliendo con toda la normativa bancaria vigente, podrá apalancarse como cualquier otra entidad.
P.: ¿Cree que Alemania aceptará? ¿Y el BCE?
G.G.: Creo que hay varias soluciones técnicas. Y aunque para garantizar el éxito todas pasan por el BCE, las puede haber menos ríspidas para la opinión pública. Que el BCE compre deuda y tenga la garantía de la FEEF. Me parece que Sarkozy fue sincero cuando dijo que no sólo había que convencer a Merkel sino a los miembros de su coalición de Gobierno. Es la solución política lo que demora. ¿Cómo vender esta mercancía al electorado alemán y no sucumbir en el intento?


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