25 de octubre 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La Bolsa sube con ganas. Y no espera que Europa se pronuncie. ¿No es una audacia? ¿Quién mejor que Europa para voltearla cuando mañana anuncie sus recetas contra la crisis? Dice Gordon Gekko, el seudónimo de nuestro entrevistado, que esta suba supone un riesgo. Pero que los mercados quieren creer a caballo de una estacionalidad más propicia y de otras novedades que marchan viento en popa (cuando hace poco nadie podía pensarlo). Vale la pena repasar el interrogatorio...

Jean-Claude Trichet
Jean-Claude Trichet
Periodista: La Bolsa retoma las subas. Con entusiasmo. A pesar de que Europa se demora y no define su rumbo con demasiada claridad. Y pese a los cruces verbales entre sus líderes que no han sido nada triviales.

Gordon Gekko: Se sube a cuenta de lo que Europa decida mañana.

P.: Es un riesgo. No hay nadie más capacitado para provocar una decepción.

G.G.: Todo el mundo lo sabe. Pero no comprar ahora, y que los mercados luego se disparen, cotiza como un riesgo mayor. En parte porque las carteras redujeron exposición y están livianas de riesgos.

P.: La canciller Angela Merkel anticipó que los fondos de rescate alcanzarán el billón

de euros. The Guardian, la semana pasada, había borroneado una cifra que era el doble. ¿Cómo puede ser que los números se achiquen -mientras la quita a la deuda griega aumenta a más del doble- y los mercados no respondan con la iracundia de costumbre?

G.G.: Podrían destruirse y forzar una solución más potente. Está claro que no siempre hacen gala de tanta filosofía. Pero, por la razón que fuese, es el caso. Se trata de una ventana de oportunidad.

P.: ¿Europa les ganó por cansancio?

G.G.: A esta altura lo que se comprueba es que los mercados quieren apostar a favor. Sólo piden, hoy por hoy, que Europa les conceda una coartada medianamente razonable. Una mímina protección de que no pateará el tablero en el corto plazo. Más adelante, si hace falta, volveremos a las andadas.

P.: ¿Por qué cree que es así?

G.G.: Razón número uno: la estacionalidad. Comienza la temporada que suele ser más favorable.

P.: Se acabó el efecto «vender en mayo y tomar distancia».

G.G.: Se agota, aunque no hay límites precisos. No se trata tampoco de una regla científica. Pero aun así la estacionalidad -cuando logra poner un pie en el escenario- juega un papel de peso. Y la resurrección de los activos de riesgo en lo que va de octubre no ha caído en saco roto.

P.: ¿No hay ninguna razón más sustantiva?

G.G.: El mundo no se limita a Europa. Los mercados tienen otra temática disponible -balances empresarios bastante lucrativos, la expansión en EE.UU. que milagrosamente continúa en pie, el «revival» industrial después de una impasse de meses- que bien puede tomar la posta y empujar al alza. Sólo se necesita que la crisis europea permita una tregua. Nada definitivo. Un paréntesis.

P.: La recesión en Estados Unidos sigue sin dar señales de vida.

G.G.: No aparece en los indicadores económicos ni en los balances de las compañías. Por fortuna y contra todos los pronósticos.

P.: ¿Y en Europa?

G.G.: En Europa tampoco. Pero será difícil que todos estos sucesos -incluyendo el aquelarre crediticio de las últimas semanas- no pase factura. EE.UU. puede tomar distancia, Europa los padeció in situ.

P.: Habla de una resurrección de la actividad industrial. ¿Es un fenómeno global? ¿Hay evidencias o es una deducción a partir de información indirecta o subjetiva como las encuestas?

G.G.: La actividad manufacturera se enfrió antes que recrudecieran los avatares de Europa.

P.: Influyó el tsunami en Japón...

G.G.: Y el shock petrolero por las revueltas en los países árabes.

P.: ¿Eso se está recomponiendo a pesar de la volatilidad de los mercados financieros?

G.G.: Tal cual. Y es un fenómeno mundial. No está limitado a un puñado de países.

P.: ¿Hay evidencia dura?

G.G.: La hay. Mire la producción industrial en los EE.UU. y la verá en ascenso. Y la suba que observa fue tamizada por circunstancias climáticas muy particulares. La actividad manufacturera, que es lo que cuenta, rebotó ya con mucha fuerza. La utilización de la capacidad instalada está en el máximo post Lehman.

P.: Aunque todavía existe un margen grande de ociosidad.

G.G.: Mejor. Se puede crecer sin necesidad de realizar mucha inversión. Basta la demanda. Hay también evidencia suave de la recuperación. Que no por eso deja de ser útil, ya que se obtiene con antelación. Las encuestas PMI -que cantaron primero que nadie el enfriamiento- ahora marcan un repunte en varios países.

P.: Es lo que pasó en China.

G.G.: Así es. Y es previsible que -corregido el bache de aprovisionamiento- esta recuperación se extienda. Si los mercados se calman, mejor. Mire los precios de las materias primas y ya lo comienzan a reflejar.

P.: Es el caso del petróleo.

G.G.: Yo diría que el indicador de un cambio de visión más confiable lo arrima el cobre.

P.: ¿Por qué?

G.G.: No existe aquí la escasez de oferta que influye en el mercado de crudo. O en otros commodities donde también el clima es protagonista. El cobre venía muerto: con una merma en sus precios del 6% en octubre. Resucitó el viernes con una suba del 5%. Y hoy (por ayer) no se retrajo: acusó otro salto del 7%.

P.: ¿Qué deberá decir Europa mañana para no arruinar este principio de fiesta?

G.G.: Nada que no haya soltado antes como globo de ensayo. Ya blanqueó Jean-Claude Trichet que el BCE no será de la partida. Ese es el punto número uno para frenar la crisis.

P.: Y el número dos y tres también.

G.G.: Seguro. Lo positivo es que ya sabemos que no se sumará. No nos desayunaremos mañana. La decepción debería estar masticada. Y quizás, parece obvio tras escuchar a Merkel decir que el fondo de rescate alcanzará a un billón de euros nada más. Europa podría aportar una pequeña sorpresa favorable -la yapa- de último momento.

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