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Diálogos en Wall Street
Era un día calmo, pero cuando la entrevista con Gordon Gekko terminó, ya se había arruinado. El motivo -de la nota y del contratiempo-, por supuesto, Europa. Reformar o no reformar no es el dilema, sino cortar el contagio financiero. Y aquí no hay alternativas: hay que subir al BCE a la expedición. ¿Será que Sarkozy lo comienza a plantear crudamente?
Gordon Gekko: Hasta la noche, espero. Mañana (por hoy) habrá que sortear la subasta de deuda española a diez años. Son 4 mil millones de euros en danza.
P.: Italia hoy mejoró, pero España, no. ¿Esa es la razón? El temor a un traspié por falta de demanda.
G.G.: No es la única. Las compras del BCE están sesgadas a favor de la deuda italiana. Según lo que se estima (no hay información oficial), a una razón de 3 a 1.
P.: El riesgo de Madrid está en los máximos. El bono a diez años rozó el 6,41% y el diferencial de tasas alcanzó los 459 puntos. No son las mejores condiciones para pretender recaudar fondos.
G.G.: Usted no puede parar la rueda. Sería peor. Le resultaría imposible luego recuperar el paso.
P.: Grecia e Italia están organizando nuevos gobiernos. Tienen amplio respaldo, manifiestan apego a las reformas, pero los mercados no parecen dispuestos a dar concesiones.
G.G.: Anote a España en la misma lista.
P.: Peor todavía porque no puede alegarse que España no se ajustó el cinturón.
G.G.: Tampoco que no respetó el Tratado de Maastricht. Alemania y Francia sí supieron incumplirlo antes de la crisis. No fue el caso de España.
P.: Y, sin embargo, la deuda cotiza a tasas de interés apenas un escalón por debajo de las de Italia. ¿Cómo se explica?
G.G.: Queda claro que el contagio es la variable más relevante. La vulnerabilidad al temido efecto dominó. Si la performance fiscal fuera la clave única Italia no debería ser el próximo de la lista. Por eso se le pide al BCE un muelle donde amarrarse y encontrar refugio, si no la tempestad los hundirá a todos, austeros o no, simplemente al hacerlos chocar unos contra otros.
P.: El proceso político de España le lleva una ventaja a la ingeniería ad hoc que se aplicó de urgencia en Grecia e Italia para movilizar las reformas. El nuevo Gobierno procederá del voto de la población.
G.G.: No hay dudas. Y el partido que encabeza las encuestas por amplio margen.
P.: El Partido Popular con Mariano Rajoy.
G.G.: Tal cual. El PP promete darle más impulso todavía a la agenda que pide Bruselas.
P.: Aun así, si vence este domingo no lo aguarda un cálido comité de bienvenida. Ni una luna de miel. Los mercados lo esperan con el cuchillo entre los dientes.
G.G.: Le diría más: si mañana (por hoy) la subasta de bonos es un fiasco no debería sorprenderse por la irrupción de un tembladeral profundo. Estaríamos a un tris de otro aumento de márgenes de garantía.
P.: Como el que impulsó a la deuda de Italia a escalar sus rindes por encima del 7%...
G.G.: Correcto.
P.: La crisis avanzaría, por primera vez, por dos carriles en simultáneo. Italia y España.
G.G.: No es un pronóstico. Espero que la subasta no se malogre. Pero la fragilidad de la situación es evidente. La refinanciación es una actividad continua, es como surfear las olas. Nadie puede asegurar que las va a salvar a todas sin caerse o tragar agua.
P.: Es difícil entender la lógica de la estrategia de la eurozona. Todo lo que haga España le sirve de poco si a Italia le va mal.
G.G.: En esencia, es lo que ocurrió. Con cada nuevo episodio de turbulencia, no sólo se deteriora el protagonista principal, sino que arrastra a la mayoría de los demás como si los arreara con una red de pesca.
P.: Y tampoco el ejemplo de España opera como una referencia de estímulo para nadie. En Italia Mario Monti no puede prometer mucho a cambio de hacer buena letra. No puede asegurar que la presión financiera -que es un alud tremendo, devastador- vaya a mermar. No, al menos, en un horizonte medianamente cercano.
G.G.: Para eso necesitaría tener acceso a un prestamista de última instancia. La reforma no es instantánea.
P.: Y el BCE se niega a jugar ese rol. Dice que aun si quisiera hacerlo, no le está permitido.
G.G.: No puede prestarles directamente a las Tesorerías. Como tampoco pueden la Fed o el Banco de Japón.
P.: Pero la Fed o el Banco de Japón sí cumplen la función de respaldo que se precisa.
G.G.: El BCE también podría. No hace falta que intervenga en el mercado primario. Las compras de deuda pública en los mercados secundarios son una herramienta perfectamente válida y potente.
P.: El BCE se resistió en su momento. Pero ya no. ¿Por qué sus compras no consiguen los mismos resultados que en EE.UU. o en Japón?
G.G.: Porque no están calibradas para obtener ese objetivo.
P.: El monto es menor.
G.G.: Una promesa creíble de intervención a una tasa predeterminada podría conseguir lo que se busca con mínima injerencia en términos de operaciones. Fíjese cómo el Banco Nacional de Suiza desactivó la apuesta a favor del franco suizo anunciando su paridad fija con el euro.
P.: Después de una reunión de gabinete, hoy (por ayer), la vocera del Gobierno francés aseguró que París confiaba en que el BCE tomaría las medidas necesarias para asegurar la estabilidad financiera del área del euro. ¿No es una señal de que Francia vuelve a la carga para desarmar la férrea negativa de Fráncfort?
G.G.: Es que, con un incendio en Italia, es inevitable, arde París. Tengo claro que Sarkozy no da la talla de Napoleón (bueno, sólo da la talla). Pero en esta lidia, si se anima, tendrá todo el apoyo de la legión extranjera.


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