6 de diciembre 2010 - 00:00

Diego Galán: “Hoy ya no me quedo en un cine si el film no me gusta”

Galán: «Me crié viendo ‘Dios se lo pague’, ‘Deshonra’, las comedias de Luis Sandrini, tan exitoso que los españoles repitieron por años su frase ‘Mientras el cuerpo aguante’».
Galán: «Me crié viendo ‘Dios se lo pague’, ‘Deshonra’, las comedias de Luis Sandrini, tan exitoso que los españoles repitieron por años su frase ‘Mientras el cuerpo aguante’».
Alto, risueño, gran conocedor, viejo crítico, ex director del Festival de San Sebastián, actual documentalista, Diego Galán pasó por la Argentina para participar del 3° Festival Internacional de Cine y Música de San Isidro (estuvo muy divertido) y coordinar con el ex director del Incaa José Miguel Onaindia un seminario sobre relaciones hispano-argentinas. Amante de los melodramas argentinos que conoció cuando niño en Marruecos, dialogamos con él.

Periodista: Empecemos por el principio. ¿Cómo fue su infancia en Tánger?

Diego Galán: Feliz, una infancia aparentemente normal, todo en perfecta armonía. Los musulmanes nos compartían la sopa de Ramadan y nos saludaban «Feliz Nochebuena, españolis». Los judíos tenían la sinagoga pared por medio con la iglesia (y yo era monaguillo). Era lindo escuchar en Pascuas sus cantos gozosos junto a nuestros cánticos lúgubres. Anticipamos el ecumenismo, y creo que algo similar ocurría en Beirut y Estambul. Pero eso empezó a romperse con la independencia de Marruecos, y se rompió del todo con la Guerra de los Seis Días. De pronto resultó que éramos extranjeros. Una situación rara, cuando te dicen que no eres del lugar donde has nacido y te has criado. Así que de pronto los de raza europea nos fuimos. Muchos españoles, a Andalucía. Yo a Madrid.

P.: ¿Por qué Madrid?

D.G.: Quería ser actor. En Tánger integraba un grupo de aficionados, me vieron los de una compañía profesional que estaba de gira y me invitaron a Madrid, así que aproveché la invitación y empecé una carrera en las tablas. Hasta que otro día miembros de un cineclub me pidieron que presentara una película. «Éste no sabe nada pero tiene buena voz», se dijeron. Estudié el tema y lo presenté con tanto éxito que al poco tiempo me hicieron presidente del cineclub. Y como no sabía nada, me dije «comencemos por el abc», pedí material mudo a Filmoteca Española, lo programé, y resultó que críticos afamados no lo habían visto nunca y empezaron a visitarnos.

P.: ¿Y cómo se hizo crítico de «Nuestro cine»? (revista de gran calidad al estilo de la argentina «Tiempo de cine»).

D.G.: Escribía, me fue surgiendo así. Gran revista, ya no hay una parecida. Se le acerca un poco la edición española de «Cahiers du Cinema», en este momento la más sesuda de España, pero no termina de convencerme, pues alienta películas aburridas. Vez pasada vi una en dvd. Me dije «se me ha estropeado el aparato, que no se mueve nada, ah, no, es la película que no se mueve». A veces, si entras en ese juego, puede ser fascinante, incluso hubo una que me gustó, pero igual no la recomendaría. Ahora, si no te gusta te queda la opción de salir, en lo posible sin ruido. En la vieja sala de Cannes apenas uno se levantaba la butaca hacía cloc, y cuando después del primer valiente venía el éxodo era cloc, cloc, cloc. Yo, si algo no me gusta, me voy, no me queda tanto tiempo en la vida. Lástima que luego los amigos me dicen «lo que te has perdido», y me entra la duda, si me apuré a salir y después mejoró, o me están cargando.

P.: ¿Cómo llegó a director del Festival de San Sebastián?

D.G.: Ya llevaba tiempo como crítico de «El País» cuando me propusieron como asesor del festival. Y al año, como director. Después renuncié, y luego volví al cargo, en total estuve diez años, hasta el 2000, que fue el más cansador. Había muchas manifestaciones callejeras, altercados muy duros, encima días antes de abrir el festival hubo siete asesinatos y varios atentados. Algunos artistas extranjeros temían ir, era muy agotador. Seguí entonces vinculado de otra forma, y ahora me despido con una serie que están dando en RTVE con la historia del festival, donde de paso pego unos palos discretos y alguno bien evidente.

P.: Hemos visto los primeros capítulos, son muy buenos.

D.G.: Gracias, intentamos darle un ritmo moderno y equilibrar lo que sobra y lo que falta. El mayor trabajo fue conseguir material de los 50, pues solo quedaban uno de los fundadores, el alcalde de entonces, y el noticiero No-Do, del que aprovechamos particularmente los descartes que tenía un matrimonio al que llamaban «los noditos».

P.: Pregunta pendiente, ¿cómo se vinculó con el cine?

D.G.: Por el cine argentino, al que conozco muy bien porque mi familia se llevaba muy mal.

P.: ¿Cómo es eso?

D.G.: Mi madre y mi tía no se hablaban. Así que cada una iba al cine por su cuenta, y como debían ir con un varón de la familia, yo terminaba viendo la misma película dos y más veces, hasta que casi la memorizaba. Me crié viendo «Dios se lo pague», «Deshonra», las comedias de Luis Sandrini, tan exitoso que los españoles repitieron por años su frase «Mientras el cuerpo aguante», y oyendo a Pepe Iglesias, El Zorro, que tuvo un éxito apoteótico. Se detenía la actividad en todos lados cuando empezaba su programa «Hotel La Sola Cama, donde hay bronca toda la semana». Me emocionó muchísimo verlo aquí ya mayor (ya grande, dicen ustedes) recibiendo el Cóndor a la trayectoria en un acto de la Asociación de Cronistas. Y no me animé a acercarme. Pensar que hoy preguntas a alguien joven y ni sabe quiénes fueron.

P.: Usted hizo varios documentales evocativos, como la serie «Queridos cómicos», y varios libros.

D.G.: Sí, ahora casualmente integro un trabajo colectivo sobre el vínculo entre nuestros cines, desde el comienzo hasta el éxito de Ricardo Darín en la actualidad, pasando por los exiliados de ambos países, la popularidad de Imperio Argentina entre los dos bandos de la Guerra Civil, la genialidad de Niní Marshall, el éxito de Palito Ortega en España, etc., con detalle de artistas y coproducciones (131 en la presente década). Juntos hicimos muchos trabajos de alto nivel, y también muchos disparates, que son los que más me gustan. En la portada estarán Isabel Sarli y Sarita Montiel, las dos luciendo sus grandes, ¿cómo se dice?, grandes tocados de flores en el cabello. Espero venir a presentarlo a comienzos del 2011.

Entrevista de Paraná Sendrós

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