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Disney perdió la inocencia: paraíso hoy de sexo y droga
Aunque son hace décadas los preferidos de los más chiquitos, dentro de los personajes de Disney, hay personas de carne y hueso, algunas de las cuales fueron acusadas de abuso.
Su nombre es April Mogolon y su historia se dio a conocer ayer. Según relata, asistió con su familia a los parques temáticos de Disney en el estado de Florida. Cuando se acercó al Pato Donald para sacarse una foto con él y con su hija, éste le tocó un pecho y le hizo «gestos como simulando que no había hecho nada», explicó la joven.
Por esto, Mogolon sufre de estrés postraumático, pesadillas y problemas digestivos, según su abogado, por el que exige una indemnización de u$s 50.000. Los abogados de Disney deberán presentarse ante el juez de Philadelphia -donde reside la damnificada- que autorizó la demanda de Mogolon y le pedirán que la rechace porque, aseguran, está mal hecha.
John R. Padova es el magistrado que aceptó la denuncia, a pesar de que quienes defienden a la empresa del viejo Walt, pidieron que anule el caso o que lo traslade a la Florida, estado en el que ocurrió el hecho.
Pero éste no es el primer caso de este tipo que se conoce en los parques de Disney. De acuerdo con la demanda, las autoridades de la Florida recibieron 24 quejas similares en una semana, incluida la de un empleado disfrazado de
Tigger quien se aprovechó de la confianza de una niña de 13 años para abusar de ella.
Además, un ex empleado de Epcot Center, Chris Mitchell, publicará este mes un libro -«Cast Member Confidential»- con las memorias de su trabajo, en el que revela el uso habitual de drogas entre los disfrazados, así como las orgías celebradas en algunas atracciones.
En esta publicación, el autor relata que un hombre vestido de Winnie The Pooh vendía drogas en el parque temático y una actriz que representaba a la reina mala en el espectáculo de La Bella Durmiente era adicta a la cocaína, según el diario El Mundo.
También cuenta que dos empleadas se robaron disfraces de Mickey y de Minnie para satisfacer sus intereses «furries», una subcultura que practica el sexo disfrazados de animales antropomórficos. Mitchell también confiesa que solía tener sexo en los baños del parque con una empleada que se disfrazaba de la ardilla Chip.


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