9 de agosto 2017 - 22:59

Edgardo Scott: “la inseguridad es el síntoma de una época”

Autor de “Los refugios” y “El exceso”, su nuevo trabajo explora la intimidad de un personaje cuya vida cambia de raíz cuando matan a su esposo en un hecho de violencia.

Edgardo Scott.”Cuando yo tenía 12 años, asesinaron a la esposa del hombre que tenía un negocio enfrente de casa. Ese es el punto de partida.”
Edgardo Scott.”Cuando yo tenía 12 años, asesinaron a la esposa del hombre que tenía un negocio enfrente de casa. Ese es el punto de partida.”
Edgardo Scott pone en escena la inseguridad, síntoma de una época, en la novela "Luto" (Emecé), a través de un comerciante del conurbano a quien en un asalto le matan a su mujer, y la espiral de descenso a los propios infiernos que vive a partir de allí. El bonaerense Scott es psicoanalista y desde hace tiempo reside en París. Publicó los libros de cuentos "No basta que mires, no basta que creas" y "Los refugios", y la novela "El exceso". Dialogamos con él:

Periodista: ¿"Luto" es un western orillero, un thriller del conurbano, una fábula del fin de una época?

Edgardo Scott: Cuando se la pasé a Damián Tabarovsky, escritor, editor y amigo, le dije: te dejo este western isabelino. Son lecturas que uno hace de lo que escribe. El lector es una alteridad y el primer lector que se tiene es uno mismo. Es una instancia de desdoblamiento. En "Luto" hay armas y tiroteos y algo del orden de la hombría que está puesto en juego. En ese sentido tiene que ver con el western. Además Chiche, el protagonista, cita a Clint Eastwood.

P.: El libro tiene reiterados capítulos dedicados a películas.

E.S.: La novela es como un abanico con dos movimientos, uno de apertura, otro de cierre. El centro tiene la lógica del carrusel; gira, avanza sobre los mismos motivos: los baldíos, los negros, la hija, los perros, las dos mujeres, las películas, el negocio, las noticias. Son los círculos del infierno en un reiterado circuito que progresa en espiral descendente. Eso me servía para transitar por los 90, que es mi infancia y juventud, y es por donde transcurre la novela.

P.: ¿Por qué "Luto"?

E.S.: El luto es ese tiempo de suspenso, luctuoso, que no puede procesar aún el duelo. Es una etapa negra, asordinada, con una apatía poblada de fantasías de venganza. Si en vez de "Luto" le hubiera puesto "un tipo reaccionario del suburbio", que es otra forma de definir la novela, provocaría otro tipo de lectura. Yo apuesto a que se vea que todas las ignorancias y violencias que ocurren tienen que ver con algo particular que le sucede a Chiche, que es que asesinaron a su mujer. Es como la pata de la silla que está floja. Él podía ser un hombre suburbano común, más o menos compensado, con su mujer; cuando la matan hay algo que no tiene retorno y él queda suspendido en el luto como en un limbo. No es un viudo ni un solitario, se vuelve un hombre solo.

P.: ¿Cómo surge la historia, que parece sacada de la realidad inmediata?

E.S.: "Luto" tiene de autobiográfico que, cuando yo tenía 12 años, asesinaron a la esposa del hombre que tenía un negocio de electrodomésticos enfrente de casa. Entraron a robar y, en el tiroteo, mataron a una mujer que tenía menos de 40 años. La mataron como podían haber matado a mi madre, que siempre tuvo un negocio y sufrió asaltos, hasta tres en un mes. Lo de la mujer del comerciante pasó, todo lo demás lo inventé. Fue mi primera muerte para mí, la que me enfrentó a la inseguridad. La inseguridad es una de esas palabras que son como síntoma de época. Para mí aparece después del alfonsinismo; desde entonces se fue ampliando. Los restos del suburbio rural borgeano desaparecieron para dar paso a retazos cada vez más peligrosos. Yo quería escribir esa violencia y sus efectos. Y más allá de la clave política, histórica, incluso ideológica, está la clave personal, que es lo que siempre mueve a una novela.

P.: ¿Cómo entró en la vida de un protagonista tan duro y complejo como su Chiche?

E.S.: Como el Natalio Ruiz de Charly García, pero del suburbio; como el hombre gris de Hannah Arendt. Pienso a un personaje como una construcción verbal. Para que entre en lo novelesco tiene que tener algo reconocible pero no hallable en la realidad, y en esa medida que sea complejo. Chiche es consciente de caminos que en algún momento no tomó, felicidades que no se le dieron.

P.: ¿Qué tiene que ver "Luto" con "El exceso", su novela anterior?

E.S.: Una línea directa con la época. "Luto" trata de un personaje, "El exceso" de varios, de un ministro duhaldista y su entorno: su hijo, su yerno, su mucama y su custodio. Es un fresco político. Y está la violencia. A mí me interesa esa violencia argentina, arltiana. Porque los argentinos tenemos un modo particular de ser violentos. Arlt en eso, como en otros aspectos, resulta actual, profético, es nuestro contemporáneo; cualquiera que viaja en tren hoy entra en su mundo. En "El escritor fracasado", que ahora Marilú Marini lleva al teatro, en un monólogo protagonizado por Diego Velázquez, Arlt fundó la ética del escritor argentino. Señala lo que no es un escritor, lo que no debe ser ni hacer. Denuncia el juego de intereses, de traiciones, de mezquindades y miserias. Carlos Correa, otro escritor del que soy fan, retomando a Arlt dice que "el secreto de nuestra cultura yace en la violencia".

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

E.S.: Estoy compilando textos dispersos de Carlos Correa, siento que es un honor hacer ese trabajo, y haciendo una nueva traducción de los "Dublineses" de Joyce. La aparición de "Luto" me empuja a lo siguiente que estoy escribiendo, una novela sobe mi padre, entre comillas porque es mi padre y no es mi padre. Mi padre era alcohólico, y por lo tanto tiene algo de novela alcohólica, de "Bajo el volcán", de "El que tiene sed", de "Días sin huella", de "Leaving las Vegas", más la tradición de la novela del padre.

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