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El adiós a Virginia Luque
Virginia Luque inició su carrera como actriz, pero el aliento que le dio Azucena Maizani la inclinó definitivamente como cantante de tango.
Nacida como Violeta Mabel Domínguez el 4 de octubre de 1927 en el Abasto, Virginia empezó su carrera a los 14 años, impulsada por su padre, gerente de Casa Muñoz ("donde un peso vale dos"), famosa tienda que le hizo de sponsor. Así debutó en 1942 en el Teatro Liceo, como miembro de la compañía Díaz-Collado. Bajita pero muy atractiva y de buen decir, rápidamente la incorporaron a su lado varias figuras populares de la época, como doña Amalia Sánchez Ariño, Maria del Carmen Prendes, Camila Quiroga. En 1945 ya era primera actriz de la Compañía Ernesto Vilches. Fue éste quien la impulsó al canto, primero como parte de la escena teatral, luego en recitales públicos o radiofónicos, con lo que se llamaba entonces "un repertorio internacional". En 1946 ya estaba con Francisco Canaro, haciendo "La canción de los barrios".
Para ese momento también había aparecido en pequeños papeles cinematográficos ("La guerra la gano yo", "Mi novia es un fantasma", con Pepe Iglesias y Mirtha Legrand, "Allá en el setenta y tantos") y un primer coprotagónico, "Se rematan ilusiones", donde jóvenes idealistas procuran desarrollar la industria nacional. La consagración le llegó en 1949 con el tango, de la mano del director y letrista Manuel Romero: "Un tropezón cualquiera da en la vida", con Alberto Castillo, "La historia del tango", donde surge el personaje de La Morocha, y luego "¡Arriba el telón!", también llamado "El patio de la Morocha". Ese mismo título se usó más tarde para un cuadro musical de "Buenas noches, Buenos Aires", donde canta "Rosa de barro" a dúo con Hugo del Carril, acompañada por la orquesta de Mariano Mores y el bandoneón de Aníbal Troilo.
En 1949 Virginia Luque se lució también con un personaje distinto, de mujer sensual, cabaretera, junto a Arturo de Córdova, en el drama venezolano "La balandra Isabel llegó esta tarde", dirigida por su compatriota Carlos Hugo Christensen, película que ganó la Palma a Mejor Fotografía en Cannes 1951. De todos modos, ella iría postergando la actuación, en beneficio del canto. "Soy una actriz que canta", se definía muy certeramente. Eludió asimismo el compromiso político ostentoso: impuesta en 1950 como vicepresidente de la primera comisión directiva del Ateneo Eva Perón, renunció a los pocos días (tampoco hizo nunca ostentación de su vida amorosa, aunque no pudo evitar un pequeño escandalete, cuando trascendió su fuga del hogar con intenciones de casamiento).
Desde 1954 agregó también la labor televisiva, en programas como "La familia Gesa", "La mujer del año", "El mundo maravilloso de Virginia Luque" (donde un director de cámaras impuso el primerísimo primer plano de sus ojos), "Luces de Buenos Aires", "Comienza el show", "Virginia Tango Club", "El patio de la morocha", "Grandes valores del tango" y "La noche con amigos" (este último, de su posterior esposo, el comentarista Lionel Godoy, con quien tuvo una hija). Ya para entonces solo cantaba tangos. "Vos sos el tango. Dedicate enteramente a él", le había dicho Azucena Maizani.
Más adelante vendrían las largas temporadas como mayor atracción de "El viejo almacén", los discos más notables, también el peinado con spray más notable, las giras por Japón, alguna telenovela, aquella noche memorable en el Teatro Colón, registrada por el documental "Café de los maestros" (ya con 80 años), los premios a la trayectoria, y, el año pasado, la presentación del libro del historiador Mario Gallina "Virginia Luque. La estrella de Buenos Aires". Una enfermedad crónica la venía debilitando, pero la noche de la presentación, rodeada de colegas, amigos y admiradores, ella estaba radiante. Y esa fue su última aparición pública.


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