3 de septiembre 2009 - 00:00

El cine reabre el oscuro caso de dos actores fusilados

Monica Belluci como Luisa Ferida en «Las vidas privadas», de Marco Tullio Giordana, sobre el caso de dos actores ajusticiados por los partisanos.
Monica Belluci como Luisa Ferida en «Las vidas privadas», de Marco Tullio Giordana, sobre el caso de dos actores ajusticiados por los partisanos.
Cinco días antes de la liberación de Italia durante la Segunda Guerra Mundial, la guerrilla antifascista fusiló a una popular pareja de cine, Osvaldo Valenti y Luisa Ferida, acusada de complicidad con torturadores y perversión sexual. De eso trata «Sanguepazzo», sangre loca, que se estrena hoy como «Las vidas privadas» (ver pág. 3), nuevo film de Marco Tullio Giordana («La mejor juventud»). Durante la presentación del film en el Festival de Cannes, el director dialogó con el especialista en cine histórico Lorenzo Codelli. Reproducimos una parte de esa interesante conversación:

Lorenzo Codelli: ¿Quiénes eran Valenti y Ferida?

Marco Tullio Giordana: Una pareja célebre en la vida, más que en la pantalla, donde habitualmente hacían el papel de malo y de mujer perdida, lo que parecía coincidir con el desprejuicio de sus propias vidas privadas. En 1943, tras el armisticio que dividió a Italia, adhirieron a la República de Saló, último reducto fascista, y se instalaron en Venecia, donde Valenti se integró a la 10ª de Borghese, unidad militar tan distanciada del fascio que debía autofinanciarse por su cuenta, con el contrabando. No hay pruebas que él haya participado en rastrillajes, como se dijo, pero sí que, como era cocainómano, se relacionó con Pietro Koch, zar de la droga y siniestro jefe de los parapoliciales de Milán, responsable de atrocidades de toda clase. En Villa Triste, sede de la banda Koch, dicen que él participó en torturas mientras la Ferida bailaba desnuda. Es una leyenda.

L.C.: ¿Entonces los ajusticiaron sin proceso?

M.T.G.: Valenti se entregó al partisano Pietro «Vero» Marozin, comandante de la Brigada Pasubio, que se hizo cargo de la pareja, desobedeció la orden de fusilarlos, los ocultó quizá pensando en un intercambio de prisioneros, pero al final los mataron. Horas antes, habían matado y colgado a Mussolini y su mujer en la plaza pública. Para Sandro Pertini, ese día la Resistencia se deshonró.

L.C.: ¿Cree que Valenti y Ferida eran inocentes?

M.T.G.: Lo único evidente es que adhirieron a Saló, lucraron en el mercado negro, se comportaron siempre por encima de cualquier ley, contradijeron la decencia, quizás orgullosos de su dudosa fama. Que lo hayan hecho por narcisismo, ligereza, o ganas de épater le bourgeois, poco importaba. Eran culpables ideales.

L.C.: ¿Les pesó su imagen cinematográfica?

M.T.G.: Él relegado a papeles de villano (aunque llegó a protagonizar el «Enrico IV» de Pirandello), ella a papeles de amante, arruinadora de familias, o cuanto mucho víctima de un destino adverso, y ambos muchas veces doblados (ella tenía dos dobladoras, según fuera santa en desgracia o puta), lo que en parte explica su ida a Venecia, quizá buscando mejores oportunidades.

L.C.: Su film se toma algunas libertades.

M.T.G.: Varias. No es una reconstrucción, sino una obra inspirada en hechos y figuras reales. Aprieto, corto, eludo, junto, invento. Por ejemplo, el modo en que se conocen, el tercero en discordia, Golfiero, que no es Visconti, o mejor digamos que no es solamente Visconti. O el Cardi, basado en Luigi Freddi, Director General del Cine y cofundador de Cinecittá, un hombre notable, muy amplio, pero que no fue amante de la Ferida, y, por suerte, tampoco se suicidó, como el de la película. Igual, los gobiernos posteriores no supieron apreciarlo.

L.C.: ¿Valenti también dirigió un film con el título de «Sanguepazzo», como aparece en su película?

M.T.G.: Dirigió uno, con diversos títulos: «I cavalieri del deserto», «Gli ultimi Tuareg». Quien iba a dirigirlo se accidentó, y Valenti se hizo cargo, contratando como ayudante al jovencito Federico Fellini, que había escrito el guión, sin firmarlo. Rodaron en Libia en 1942/43, hasta que el avance de las tropas angloamericanas los obligó a un rocambolesco regreso a la patria. Del rodaje no queda un fotograma, y los relatos de Fellini sobre esto siempre fueron confusos, como era su deliciosa costumbre. Lo cierto es que Valenti fue de los primeros en apreciar el talento del joven Fellini, y darle una oportunidad.

L.C.: ¿Qué lo llevó a usted a contar esta historia?

M.T.G.: Deseaba hacerla desde fines de los 70, cuando nadie quería hablar de partisanos fusilando sin proceso, y todavía no se aceptaba que del 43 al 45, y aún años después, lo que vivimos fue una guerra civil (término que entonces solo usaban los fascistas; para los otros era la Liberazione), una guerra donde hasta los vencedores perdieron. Eso aún no lo metabolizamos. Se habla de una memoria común, pero la memoria no puede imponerse por decreto. Hay que dar voz a las memorias más diversas, para contar las historias. Pero no hablo de la Historia.

L.C.: De los 70 al presente pasaron muchos años.

M.T.G.: Recién cuando «La mejor juventud» cambió mi posición en el mercado pude conseguir financiación para hacer «Sanguepazzo». No porque «La mejor juventud» fuera un éxito de boleterías, sino por su increíble difusión, digamos, capilar, en todo el mundo. Con ese respaldo pude filmar como pensaba, y evitar, por ejemplo, que algún inversor me impusiera intérpretes americanos. Ésta es una historia italiana.

L.C.: Hablemos de los protagonistas italianos.

M.T.G.: Con Monica Belluci nos conocemos desde hace años. Tiene una personalidad fuerte, volitiva. Encarna un tipo de mujer contraria a todas esas figuritas, extensiones del auto, ninfetas perversas o chanchas insaciables. Ella en cambio tiene un fuerte espíritu de independencia y a la vez algo de materno, protector y exigente. Es la compañera de trabajo ideal, además nos entendemos al vuelo, nacimos el mismo día. Y tiene tanta dedicación, que hasta engordó unos kilos para acercarse al tipo de mujer carnosa de aquel tiempo. Y Luca Zingaretti es un actor fantástico, riguroso, de técnica prodigiosa. No tiene nada en común con Valenti y, sin embargo, en ciertas escenas él es realmente Valenti, esa clase de italiano anarcoide, infantil, indisciplinado, furioso, siempre contrera, histriónico. No es por hacerle propaganda, pero el suyo es un trabajo admirable.

L.C.: ¿Qué significa «sanguepazzo», así todo junto?

M.T.G.: Es una expresión siciliana. Indica un espíritu indisciplinado, excéntrico, incontrolable, una cabeza caliente, un elemento peligroso. «Mauvais sang», dicen los franceses, en una acepción muy parecida.

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