Gustavo Garzón y Daniel Aráoz, la pareja más divertida de "Cash", obra fragmentaria de José María Muscari que entre obviedades y bajadas de línea también entretiene.
La banalidad, el consumo desaforado, la vida como desfile de moda y el glamour conviviendo con la lacra social son temas muy presentes en la prolífica trayectoria de José María Muscari, desde su primer éxito en el circuito off, «Mujeres de carne podrida», hasta la actual «Cash», en la que retoma algunos procedimientos y rasgos de estilo de «En la cama» (que se está exhibiendo en Mar del Plata).
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En ambos casos el autor y director aprovechó la proyección mediática de sus actores para desdoblarlos de sus personajes e ironizar sobre el perfil de sus carreras (por momentos, también los pone a dialogar con el público).
«Cash» es una obra de estructura fragmentaria y música de discoteca, protagonizada por un grupo de propietarios de «tiempo compartido» que se reúnen para intercambiar sus destinos Las tres parejas, discurren sobre el amor, el sexo y el dinero, entre pasos de comedia y agresivos duelos verbales que dan cuenta del profundo deterioro moral que afecta a la clase media argentina (la del sector más pudiente, claro está).
Norma Pons le pone garra a una propietaria rural con ínfulas de aristócrata -graciosa, pese a su racismo clasista-que se empeña en hostigar a su ex marido, un comerciante muy simple y algo homofóbico a cargo de Juan Carlos Dual. Daniel Aráoz y Gustavo Garzón integran la pareja más divertida de la obra. El primero es un humorista nato y el desparpajo de sus intervenciones provoca risas en toda la platea. Garzón, por su parte, compone con soltura a un gay absorbido por sus fantasías sexuales (expresadas en voz alta y con términos explícitos). Pese a ello, el actor logra una muy buena comunicación con el público al que le consulta, risueño: «¿Yo doy homosexual?».
Nacho Gadano, en cambio, luce desdibujadoen su rol de «metrosexual» y además tiene que lidiar con un libreto muy flojo. Belén Blanco, su esposa en la ficción, compone a una nueva rica, caprichosa y lapidaria que busca incomodar al marido con sus comentarios escatológicos. Pero estos resultan demasiado rebuscados y fuera de lugar (como los baños que entran y salen de escena).
Ronnie Arias, en su rol de maestro de ceremonias, y alter ego de Muscari, analiza y critica la obra (al señalar sus defectos, los disimula).
También celebra la entrada a escena de los intérpretes y enjuicia duramente la ideología de cada personaje. Sus opiniones son las que realmente cuentan, aunque entre tanta verborragia se infiltran algunas obviedades y bajadas de línea ( sobre todo en el video de cierre).
«Cash» es un espectáculo que más allá de sus aciertos y errores invita a la polémica, y entre todas las verdades que pregona hay una que nadie discute: «Nunca se es lo suficientemente rico, ni se está lo suficientemente delgado».
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