«La nave», nuevo espectáculo del notable grupo de percusión
con elementos no convencionales El Choque Urbano, sigue una
pequeña línea argumental para que el interés del público no
decaiga.
«La nave». El Choque Urbano. Dir. musical y gral. y composición: M. Ablín. Coreog.: A. González y L. Rosso. Esc.: J. Monge y J. Bernal. Vest.: A. Robotti. Int.: S. Ablin, M. Zoppi, C. Kseiri, F. Ortolan, S. Ablin, L. Rivarola, J. Segall De Rosa, M.P. Cogorno, S. Iglesias, I. Masneri, M. Domínguez, M. Rebora y N. Conte. (C.C. Konex; viernes y sábados).
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Cuando todavía la percusión no había concitado tanta atención entre los músicos y el público, y cuando grupos internacionales como el norteamericano Stomp o el israelí Mayumaná eran aún una novedad, El Choque Urbano ya era un valiosísimo crédito local en esta manera de hacer música.
Del futurismo y el « bochinche» de las experimentaciones de la primera mitad del siglo XX al uso de instrumentos no convencionales, y del concierto al teatro, este numeroso grupo dirigido por Manuel Ablín ha logrado, a través de los años, una impronta personal. Lo suyo tiene que ver, claro, con otras búsquedas, pero siempre supieron darle un toque argentino, tanto en lo escénico como en lo musical.
La propuesta, básicamente, se sostiene en la utilización de recursos sonoros no surgidos de instrumentos que pueden comprarse en casas de música. Tachos, barriles de aceite, cacerolas, tubos de PVC convertidos en órganos de percusión, objetos cotidianos -por caso, bolsitas de nylon de las de supermercado- sirven para hacer sonar ritmos generalmente binarios que sostienen, además, algunos bocetos melódicos.
El peligro de este tipo de propuesta está en que, una vez superadas la novedad y la sorpresa por la destreza para sacar música de dónde parece imposible, el interés decaiga. Y El Choque Urbano, no logra escapar a ese peligro. Para contrarrestarlo, este nuevo espectáculo propone una situación mucho más teatral o, dicho de otro modo, ofrece una suerte de pequeña línea argumental y un desarrollo dramático que intentan mantener el interés del público, objetivo que sólo logran a medias.
En resumen. «La nave» tiene, en relación a propuestasanteriores de El Choque, un mayor contenido teatral (las vicisitudes de un grupo de marineros en un barco y en las disputas de poder que allí se generan). En la realización, no el espectáculo no merece más que elogios, porque es impecable, tanto en lo musical como en lo dramático. El resultado puede resultar algo reiterativo para quienes ya vieron al grupo en otras oportunidades -aunque la buena asistencia de público en el tórrido verano porteño parece mostrar un interés que permanece-y es, sin dudas, una muy agradable sorpresa para quienes no lo han visto todavía.
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