El final de la utopía “progre”

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OPINIÓN

Mientras la mirada de Latinoamérica esta puesta en las elecciones del 7 de octubre (y el más que probable ballotage del 28, en los que participarán 147 millones de brasileños), y donde la incógnita "Lula candidato" -a despejarse el recién 17 de septiembre-, un voto en blanco entre el 11% y el 22% e indecisos que oscilan del 6% al 28% (últimas encuestas de Ibope, Datafolhha, XP Presidentuial Poll, Poder 360 y CNT/MDA) vuelven imposible jugarse cualquier pronóstico certero, más al norte, un mes antes, otra elección en un país donde deciden unas 6 millones de personas podría cambiar de manera mucho más radical la historia por venir.

El 9 de septiembre Suecia escoge los integrantes del Riksdag (el parlamento), los que serán responsables de designar el nuevo Primer Ministro del Reino de Suecia. Normalmente estos sucesos no merecerían más que un pie de página, pero esta vez es diferente.

En 1988 se fundó el partido Demócrata Sueco (SD) como sucesor del Partido Sueco, con una base nacionalista y socialmente conservadora. Desde su inicio fue acusado por el "establishment político" de abogar por la supremacía blanca, ser racistas, populistas de ultra derecha", xenófobo, neonazis, etc. sin que nunca se pudiera probar nada. En 2001 -tras el escándalo de las fotos y uniformes- los miembros más extremistas fueron expulsados del partido (fundaron la Democracia Nacional) y en 2005 Jimmie Akesson tomó el comando virando aún más hacia el centro. Así, en las elecciones de 2010 lograron colocar 20 legisladores (sobre 349) merced al 5.7% del voto popular. En la elección europea de mayo de 2014 el SD alcanzó el 9.67% de los votos ganando dos escaños en el parlamento europeo y en la nacional de septiembre de ese año el apoyo popular creció al 12.9% quedando como la tercer fuerza política al conseguir 49 sitios en el parlamento, casi duplicando el voto a "los verdes". La estrategia del "sistema" sueco (de izquierda a derecha) ante el partido político que más crecía fue la de aislar y bloquear a sus representantes en el legislativo, redoblar las acusaciones por extremismo de derecha y boicotear sus apariciones en los medios.

Frente a esto la realidad. El 13 de agosto, unos 40 encapuchados incendiaron en la ciudades de Malmo, Gothenburg y Helsinborg (hubo fuegos en Hjallbo) 76 automóviles, 3 casas rodantes y un camión. Aún no hay detenidos. Esto fue solo parte de una creciente ola de violencia en los barrios periféricos de las grandes ciudades, donde la policía no se atreve a entrar y los turistas tienen prohibido hacerlo. En enero, Stefan Lfven, el primer ministro -exjefe del gremio de los metalúrgicos- amenazó con enviar al ejercito; nunca lo hizo. El año pasado el país experimentó unos 400 tiroteos en los que murieron 41 personas, el total de asesinados 113, esto es 66% más que en 2012 y un máximo desde que se llevan las estadísticas, marcó un máximo histórico. Estos fenómenos de vinculan a otro: el incremento del "gatillo fácil"; la policía pasó de una muerte por año hasta cinco años atrás a los seis del corriente. El último caso, el 3 de agosto, un chico de 20 años con síndrome de Down y autista que se paseaba por las calles de Vasatan en Estocolmo.

La misma tendencia creciente podemos identificar en los crímenes contra la propiedad y la agresión a las personas, pero hay un caso que resulta especialmente revelador: las violaciones. El año pasado se reportaron 7369 casos -más de 20 por día- un récord histórico, 10% más que en 2016 y 25% más que en 2016 (en los últimos veinte años el número se cuadruplicó). A pesar de esto y de que se trata del país europeo con mayor número de violaciones per cápita, apenas el 2.7% de los casos son condenados (era el 4.2% a fines de los 2010) la tasa más baja en el viejo continente.

Cuando se analiza el origen de los culpables, el 58% fueron inmigrantes (en los casos que no hubo condena sobrepasan el 80%). Datos similares encontramos respecto a los demás crímenes. El gobierno, en manos de los Social Demócratas (S) y el partido Moderado (M), que en los últimos cinco años abrió la puerta a 600.000 extranjeros, afincados en la periferia de las principales ciudades de un país con apenas 9 millones de personas (más del 14% de los habitantes nació hoy en el extranjero), están intentando como sea "velar la situación". Así, no se habla del incremento del crimen en los medios y la respuesta buscando "licuar" el peso de los refugiados en las estadísticas han sido medidas como la de decretar este año que cualquier encuentro sexual sin consentimiento explícito de las dos partes es "violación".

Esto ha sido capitalizado por la gente del SD, que con su prédica de frenar la inmigración, realizar un referéndum sobre la integración a la Comunidad y especialmente la predica por mayor seguridad ha duplicado el apoyo que entre las mujeres (al 10%) consiguiendo que más del 12% de los inmigrantes (los más afectados por los crímenes) se muestren predispuestos a votarlos.

Así, el SD se encamina a esta elección con un piso prácticamente asegurado del 19% de los votos, lo que lo colocaría en el segundo puesto a no más de 8 puntos de los Social Demócratas, que después de más de un siglo de dominar la política sueca sufrirían su peor elección desde 1911 (en junio y julio el SD lideraban las elecciones y aún hoy lo hace, según algunas encuestadoras). Si bien el partido ha dicho que está dispuesto a colaborar con la izquierda o el centro, con la única condición que los dejen contribuir en la política migratoria, no es demasiado probable que alcance esta vez el poder. Los social demócratas creen que podrán formar un gobierno con los verdes y la izquierda más extrema, mientras los del partido Moderado han expulsado a sus candidatos que más dispuestos a negociar.

De una u otra forma, salgan segundos, primeros o terceros, lo que señala el ascenso de los Demócratas Suecos (mero espejo del ascenso de AfD, el tercer mayor partido de Alemania que según las últimas encuestas incrementó el apoyo al 17% de los germanos en tanto la coalición de Angela Merkel cedió al 29%, del Partido por la Libertad holandés, el segundo más grande del país con 13% de los votos en 2017, o el Partido del Pueblo Danes, el segundo más grande en Dinamarca con el 21.2% de los votos en 2017) es el fin de la utopía del "progresismo escandinavo".

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