Periodista: Una primera provocación de su novela "Sus ojos en mí es contar los amores de una santa sexagenaria con un joven sacerdote.
Fernando Delgado: La provocadora es realmente ella. La historia sigue su epistolario. Si se leen las cartas de Teresa de Jesús se puede conocer esa relación. En su biografía de San Juan de la Cruz, Gerard Brenan contando el encuentro de Teresa de Jesús y el fraile Jerónimo Gracián termina "y para qué decir más, se enamoraron". Ella, que tenía esos éxtasis que se han interpretado de tan distintos modos, que sostenía que "la imaginación es la loca de la casa", cuenta que Cristo se le aparece y une las manos de Jerónimo con las de ella, "debéis estar así juntos para toda la vida". Y ella, con mucho humor, anota: "Jesucristo es un casamentero". Es la historia de una pasión admirativa en la que ella se siente desasosegada cuando él se ausenta. No hay amor carnal, aunque los acusan de eso en aquel mundo miserable de los clérigos. No creo que lo hubiera, pero el amor no siempre es consumación erótica. El erotismo se da en el pensamiento, en la necesidad de tener al otro o la otra al lado. Y todo eso está en los textos de Teresa. Cuando ella muere, Jerónimo, ese intelectual, ese fraile jesuita, tiene una vida ingrata, lo desprecian, lo persiguen por seguir las ideas de una mujer.
P.: ¿Fueron perseguidos también por la Inquisición?
F.D.: Él tenía un hermano secretario de Felipe II. Y Teresa, que era muy habilidosa, tuvo a través de él relaciones grandes con el poder, eso la hizo ser perseguida por la Inquisición.
P.: Segunda provocación suya: sostiene que la santa preferida por Franco era transgresora, feminista y progresista.
F.D.: A la mejor prosista española de todos los tiempos, la inventora de la "literatura del yo", hay españoles que no la ven así porque se pretendió volverla falangista, la hicieron patrona de la sección femenina de la Falange de José Antonio Primo de Rivera, patrona de la Intendencia del Ejército, y Franco llevaba la reliquia del brazo de Teresa de un lado para otro. La identificaron tanto con el régimen que se desvirtuó a esa mujer enormemente moderna, que en el siglo XVI se entendía con albañiles, construía conventos, iba en carreta de un lado para otro. Se hizo monja porque pertenecía a una familia de judíos conversos, y para no casarse y depender de un hombre se metió en un convento que, como mi abuela diría, era un puterío elegante, con señoras aristócratas asistidas por sirvientes. Los conventos estaban prostituidos, por eso ella hace la reforma. Así como San Juan de la Cruz es un místico, ella es una activista. San Juan era la poesía y la vida interior profunda, Teresa tenía esa vida interior pero era activa, emprendedora, una intelectual de fuste.
P.: Su novela no es exactamente una novela histórica.
F.D.: Una noche me encontré en una taberna con un hispanista inglés en Segovia, que me dijo: el personaje que te interesa es Jerónimo de Gracián, a quien yo no conocía, y me dio una amplia bibliografía de él y su época. No le hice mucho caso hasta que descubrí la historia de amor, y sentí que podía contarla sin infidelidades históricas. Me sorprendió saber que Jerónimo era joven, bien parecido, elocuente, seductor, dotado de excepcional inteligencia. Y encontrarme con andanzas, procesos y cautiverios, crímenes reales o venenosas habladurías, enfrentamientos de poderes. Yo no soy amigo de las novelas históricas, que las hay excelentes, pero también meramente comerciales, y para ésas mejor están los libros de historia, que no precisan apoltronarse en las vaguedades retóricas. En "Sus ojos en mí yo no buscaba hacer una novela histórica, pero acaso inevitablemente lo es.
P.: Tampoco es una biografía de Santa Teresa de Jesús.
F.D.: Sería una osadía intentar contar la vida de una mujer tan extraordinaria, por otra parte ella es la que mejor ha contado su vida. "Sus ojos en mí es la deslumbrada mirada que siente Jerónimo que le ofrece Santa Teresa. Y "Sus ojos en mí es la historia de esa relación apasionada, y de la que hasta ahora nada se había hablado.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
F.D.: "Memoria de los otros", una memoria de los escritores españoles del exilio, de los de afuera y de aquello que llamamos del exilio interior, aquellos de los que Vicente Aleixandre, el Premio Nobel, fue el gran aglutinante, la gente que se había quedado. En el avión venía trabajando en eso. Es memoria de los otros porque hago uso de entrevistas con ellos, por caso Max Aub, Rosa Chacel, Rafael Alberti, entre otros, y no quiero que parezcan memorias mías. Digo lo que hablamos, pero no me digo. Es un libro literario, restringido, porque hoy la memoria de los otros no interesa a nadie. Parece que la memoria está desprestigiada, que no es moderna, como si cualquier sociedad no se construyera de su propia tradición. Como si la tradición fuera lo viejo y no instrumento de lo nuevo. Me da igual, yo siempre he escrito lo que me da la gana. Para hacer lo que me encomienden está el periodismo, y he sido un trabajador privilegiado. Allí he hecho lo que me han mandado, en literatura me mando yo.
| Entrevista de Máximo Soto |


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