2 de julio 2014 - 00:00

El hombre que desafió todo límite

 París - La nueva carrera de Nicolas Sarkozy hacia el Elíseo, que se daba por descontada, podría ser bloqueada ahora por la Justicia, que ayer detuvo al expresidente francés en el ámbito de un caso de fuga de noticias y escuchas.

Ambicioso, decidido, hábil y desprejuiciado, el carácter hiperactivo de Sarkozy le valió el hombre de "hiperpresidente" y "SuperSarko" durante sus cinco años en la presidencia.

Romper los esquemas no es una novedad para el hombre que ocupó el Elíseo entre 2007 y 2012. Hijo de un aristócrata húngaro emigrado a Francia, Sarkozy -nacido en París el 28 de enero de 1955- fue también el primer presidente francés de origen extranjero.

No estudió en la Escuela Nacional de Administración, la prestigiosa ENA que desde siempre alimenta la élite del país, sino que se graduó en leyes en 1978 y se dedicó a ser abogado.

También fue el primer presidente en divorciarse y volver a casarse, con la cantante italiana Carla Bruni, en 2008. Y fue el primero en tener un hijo -una niña, Giulia, la primera recién nacida del Elíseo- durante su mandato.

Sarkozy siempre dividió la opinión pública de los franceses: el 62 por ciento no quiere que vuelva a la política.

Su cena en el lujoso Fouquet's tras las elecciones victoriosas, su viaje de bodas en el yate de un amigo millonario, su Rolex en la muñeca y un cierto exhibicionismo siempre fastidiaron a la gente.

La frivolidad que muchos le adjudicaron fue centro de todas las burlas cuando se filtró a la prensa que el exmandatario, obsesionado con su poca estatura, utilizaba zapatos especiales de la firma Bertulli. El calzado poseía una cuña interior que le permitía aumentar siete centímetros de altura.

También molestó a los franceses su lenguaje "poco presidencial", como cuando se dirigió de mal modo -con un "casse-toi pauvre con" (sal de aquí, pedazo de imbécil) luego convertido en rap- a un hombre que se negaba a estrecharle la mano.

Para muchos observadores, Sarkozy "italianizó la política francesa, al asemejarse al cuestionado primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, un político también protagonista de numerosos escándalos judiciales.

En los últimos meses la prensa francesa lo ha bautizado como "El Padrino" y "el presidente de una banda organizada".

Incluso la exsecretaria de Estado norteamericana, Hillay Clinton, lo calificó en sus memorias como "un chismoso".

Su carrera política, iniciada a los 19 años junto a los neogaullistas, fue siempre en fulgurante ascenso. En 1983, con sólo 28 años, se convirtió en uno de los alcaldes más jóvenes de Francia, en la elegante periferia de Neuilly-sur-Seine.

A los 34 años fue diputado, a los 38 ministro y a los 52 presidente. Un objetivo que buscaba repetir, pero que ahora no se sabe si podrá volver a lograr.

Agencia ANSA y Ámbito Financiero

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