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El retorno a una familia disfuncional de los 50
Daniel Suárez Marzal: «La obra pertenece a ese teatro inglés de diálogos ácidos y de situaciones atípicas que oscilan entre la comedia y el drama».
«La obra se estrenó en Buenos Aires con Rosa Rosen, y tuvo tanto éxito que permaneció cinco años en cartel», señala el director Daniel Suárez Marzal, responsable de la nueva versión que subirá a escena mañana en el Teatro Apolo, con el protagónico de Virginia Lago, Claudio García Satur y Laura Novoa. Completan el elenco Felipe Colombo y Laura Bove. Dialogamos con él.
Periodista: ¿Adaptó la obra a nuestra época?
Daniel Suárez Marzal: No. Eso habría sido un error. La acción está centrada en una clase media muy venida a menos en el Londres de posguerra y muchas de las cuestiones que plantea son propias de ese contexto.
P.: ¿Qué nos puede anticipar del argumento?
D.S.M.: El conflicto está centrado en la vida familiar de los Preston, donde aparentemente reina la armonía salvo por el caos que invade toda la casa. Amy, la esposa, vive en un mundo aparte, encerrada en su hogar y escuchando música todo el día en medio de un total desorden. Un día su marido le anuncia que está enamorado de una compañera de trabajo y le pide el divorcio, porque así se lo ha exigido su amante. Pero Amy atribuye la ruptura a su caótico manejo del hogar y a su total falta de coquetería.
P.: Anda todo el día en bata como indica el título original de la obra («Woman in a Dressing Gown»).
D.S.M.: Sí, pero acá en la Argentina siempre se la conoció como «La mujer del domingo». Siguiendo con los personajes, Jim, el marido de Amy es un hombre mediocre y mucho más convencional que ella. Luego de 20 años de matrimonio se siente atrapado en una vida rutinaria y casi no puede creer que una mujer tan joven y atractiva como Georgie se enamore de él y venga a rescatarlo. Amy, en lugar de trabajarle la culpa, le pide que traiga a la chica a su casa para discutir la situación entre los tres. Esa noche intenta organizar una rica cena y hasta le pide dinero a su hijo para ir a la peluquería. Pero sus planes se estropean cuando una típica lluvia londinense empieza por arruinarle el peinado y todo lo demás.
P.: ¿Qué papel juega el hijo del matrimonio?
D.S.M.: Brian es el único que parece entender lo que está sucediendo, pese a su juventud, y se enoja mucho con Jim. Es un metodista riguroso y al ver que sus padres no cumplen con los preceptos religiosos entra en conflicto. El metodismo es la rama más dura del protestantismo. Lo sé muy bien porque mi madre era metodista. Los anglicanos todavía creen un poquito en el perdón, pero los metodistas son implacables.
P.: ¿Qué lo motivó a exhumar esta pieza?
D.S.M.: Si uno la lee con detenimiento puede encontrar algunos puntos en común con Terence Rattigan (autor de «Mesas separadas») o incluso con Harold Pinter. Pertenece a ese teatro inglés de diálogos ácidos y de situaciones atípicas que oscilan entre la comedia y el drama.
P.: Las relaciones de pareja han cambiado mucho en las últimas décadas. ¿Eso no le quita eficacia a la obra?
D.S.M.: Por eso la mantuvimos en los años 50. El enfoque de este drama doméstico tiene ironía e ingenio, y eso lo aleja de todo convencionalismo.
P.: Amy se ve abrumada por las tareas domésticas y hace todo mal ¿Esto no enmascara un posible resentimiento hacia su marido?
D.S.M.: Amy es una mujer cariñosa, caótica y proclive a la crisis de nervios. Está muy lejos del ideal de ama de casa. Al principio puede parecer algo maníaca por su optimismo exacerbado. Pero ella cree de verdad que hay personas que nacen felices y otras no. «Yo nací feliz. Absolutamente feliz», dice todo el tiempo, aun cuando alguien le señala un problema. La felicidad que ella defiende tiene que ver con la intimidad y el calor de hogar; por eso termina ganándose al marido. A su rival le dice: «Se está llevando a un pobre hombre que se está poniendo viejo y que es incapaz de tomar decisiones propias. Yo aprendí a conducirlo. ¿Usted va a saber hacerlo?»
P.: ¿No es un poco manipuladora esta señora?
D.S.M.: En el transcurso de la obra queda claro que es una mujer franca y afectuosa, sin segundas intenciones. No tiene los modales refinados de Georgie, y está muy lejos de las elucubraciones intelectuales de su hijo, pero su embeleso con la música habla de una mujer muy especial. Además, no culpabiliza a su marido, ni se aferra a él por miedo de ser abandonada. Ella es más fuerte que su marido y está dispuesta a todo, inclusive a compartirlo con su rival, porque simplemente lo ama. No es una mosquita muerta. Tiene la fortaleza de los débiles que dicen que sí a todo, pero sin dejar de avanzar.
Entrevista de Patricia Espinosa


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