12 de marzo 2009 - 00:00

El transportador ya debería retirarse

El dispositivo letal que une al héroe Jason Stathan y su protegida Natalia Rudakova es el truco que le da algo de suspenso a la reiterativa «El transportador 3».
El dispositivo letal que une al héroe Jason Stathan y su protegida Natalia Rudakova es el truco que le da algo de suspenso a la reiterativa «El transportador 3».


«El transportador 3» (Transporter 3, Francia, 2008, habl. en inglés). Dir: O. Megaton. Int.: J. Statham, N. Rudakova, F. Berléand, R. Knepper.
Por tercera vez, Jason Stathan vuelve a ser Frank Martin, un chofer de lujo contratado por tipos pesados para misiones muy peligrosas, cuando no totalmente ilegales. Esto ya se sabía por las dos películas anteriores, así que esta vez, el padre de la criatura, el productor Luc Besson, agregó un truco para acentuar la acción y el suspenso: tanto el protagonista como su bella acompañante ucraniana son víctimas de un mafioso antiecológico que los esposa con un dispositivo que, de alejarse del auto apenas unos cuantos metros, explota.
Pero más alla de este dispositivo, no hay nada nuevo en esta segunda secuela del éxito de la superacción francesa. Stathan liquida a docenas de villanos con sus patadas voladoras -incluyendo algunos grandotes que caen pesadamente- y las escenas de persecución automovilística están muy bien filmadas pero no proponen nada demasiado imaginativo. En este sentido, una loca persecución en bicicleta por parte del protagonista trae algunas acrobacias originales, aunque totalmente descabelladas, algo que se le puede atribuir a todo el argumento, también a cargo de Besson.
Francois Berleand vuelve a componer con solidez al amigo policía del héroe, pero la verdad es que faltan buenos actores de reparto, sobre todo en el rubro villanos. Y Natalia Rudakova, la chica que debe ser transportada a través de media Europa por Stathan, aporta algunos toques divertidos, incluyendo su empecinamiento en consumir drogas psicodélicas en medio de semejante situación de riesgo. La excelente fotografía y el atractivo soundtrack están entre los pocos motivos para decidirse a ver este thriller en pantalla grande y no esperar al cable, donde estos productos medianos suelen funcionar mucho mejor.
D.C.

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