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Elogios insensatos al rey amigo
Estados Unidos y Bahréin son aliados cercanos. De hecho, según uno de los cables publicados por WikiLeaks esta semana, los dos países tienen «una relación bilateral tan buena como con cualquier aliado». Allí se relatan una serie de detalles interesantes, en particular a la luz de los disturbios que esta semana, sobre el liderazgo en el reino, los intereses de EE.UU. en Bahréin, y sobre el trasfondo de las tensiones sectarias entre un Gobierno sunita en el poder y una clase marginada de la gran mayoría chiita.
Los cables fechados en abril de 2008 señalan que Bahréin trabajó con el Gobierno de EE.UU. para controlar las transacciones financieras de Irán. Y quizá aún más importante, Manama (la capital de Bahréin) ha expresado su interés en la creación de una alianza más amplia de los países del Golfo y la región para resistir a Teherán.
Diplomáticos de EE.UU. evidencian una sólida conexión con el rey de Bahréin, Hamad bin Isa Al Jalifa. Un cable de diciembre 2009 lo describe como «afable y atractivo. Gobierna como una especie de rey ejecutivo, fija el rumbo general y deja a su gente de confianza la alta dirección del Gobierno». Parte de la afinidad personal se deriva del hecho de que el rey Hamad pasó un tiempo en los Estados Unidos, según otro cable de agosto 2008, en el que el monarca describe su paso por el Comando General del Ejército de EE.UU. y el General Staff College como la experiencia «más gratificante de su vida».
A pesar de esta fuerte relación bilateral, los cables indican una conciencia aguda de la volatilidad de la política interna de Bahréin y alertan. «Grupos pequeños pero violentos de los jóvenes chiitas de clase baja, frustrados con la persistente discriminación y lo que perciben como un ritmo de reformas demasiado gradual, se enfrentan con la Policía casi todas las semanas. La minoría sunita, que gobierna el país y controla todas las fuerzas de seguridad, por lo general ha actuado con moderación, pero se necesita solo un error para provocar una escalada potencialmente desastrosa».
Curiosamente, los diplomáticos de EE.UU. también señalaron un cambio de táctica por parte del Gobierno para hacer frente a los disturbios durante el verano de 2008, según un cable de julio de ese año: «En los últimos dos meses, el rey se ha apartado de su tradicional estilo e intervino personalmente en varias controversias derivadas de las tensiones entre chiitas y sunitas. Públicamente, tanto en persona como a través de sus ministros, convocó a los líderes comunales, directores de periódicos y bloggers para advertirles que no crucen determinadas líneas rojas acerca de temas como las disputas de la familia real y la crítica a los jueces que han condenado a prisión a manifestantes chiitas.
A los diplomáticos de EE.UU. no se les ha ocurrido pensar que la situación se agravaría, en gran parte debido a la confianza en la capacidad del Gobierno.


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