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“En cinco nuevos films, sólo en uno hago de mujer”
Willy Lemos: «Actualmente rechazo el papel de travestis porque son estereotipos que rebajarían mi trabajo actoral».
«De las cinco películas en las que estoy participando de aquí a mitad de año, sólo en una hago de mujer», se ufana el actor. Entre sus últimos trabajos figuran dos películas de Diego Rafecas: «Paco», donde hace de padre de Sofía Gala Castiglione, y «Rodney», en la que tiene amores con Cristina Banegas. Dialogamos con él:
Periodista: Antes sólo le ofrecían hacer de mujer, transexual o travesti ¿A qué obedeció este cambio?
Willy Lemos: A que por un tiempo dejé de trabajar como actor. Me había saturado el tener que travestirme siempre. ¡Era mucho trabajo! En «Primicias» tuve que hacer de mujer durante un año. Aunque en verdad disfruté de ese personaje porque tenía una historia de amor de mucho compromiso. En una crítica destacaron que la única pareja de la tira que no se había separado era la de Virginia y Dinardo. Pero al mismo tiempo me llamaban para la típica de siempre: el travesti que está parado en la esquina y entonces el protagonista lo ve y se confunde... No quise saber nada con ese tipo de papeles. Si ya no los había aceptado cuando recién empezaba, mucho menos lo iba aceptar a esa altura de mi carrera.
P.: ¿Por qué razón?
W.L.: Porque son estereotipos que rebajarían mi trabajo actoral y, además, esto de que un tipo se vista de mujer sólo para ejercer la prostitución es algo peyorativo. Y en verdad no es así.
P.: ¿Cómo fue su debut como drag queen?
W.L.: Fue en el ochenta y pico. Juan Lepes creó una gran discoteca, Palladium, inspirado en el famoso Studio 54 de Nueva York. Allí había visto a las primeras «drag queens». Eran hombres muy hermosos que se vestían y comportaban como mujer sin usar busto. Con el ejercicio que yo tenía de lo femenino, en la pasarela fui una dama maravillosa, una diva retro, una posmoderna fascinante. Sin nada de playback, porque a mí nunca me gustó imitar.
P.: ¿Cómo es qué conoce tanto a las mujeres?
W.L.: Las mujeres de mi familia fueron las que me salvaron la vida, siempre tuve amigas mujeres y también mi analista es mujer. Creo que por todo eso fui un militante femenino toda mi vida. Recién ahora me está gustando incorporar personajes de hombre. Así escribí, dirigí obras y empecé este trabajo de guiar a los actores que tienen que ver con lo que en Estados Unidos llaman «life coaching».
P.: Pero esa es una técnica para desarrollar el potencial humano y profesional.
W.L.: Sí, pero yo la orienté a la composición de personajes, y además trabajo con un método de ensoñación que aprendí con mi terapeuta. Para poder guiar a un actor en su trabajo antes hay que percibir su alma, conocer sus miedos...
P.: ¿No hay casos incurables? ¿Qué hace cuando un actor es «de madera»?
W.L.: Yo no trabajo con malos actores que quieren actuar bien, sino con buenos actores que quieren hacer algo diferente o abordar otro estilo de actuación.
P.: Para ayudar a Carla Peterson en «Lalola» supongo que habrá recurrido a su experiencia como travesti.
W.L.: Tuvimos que trabajar a la inversa. Lo primero fue sacar el varón que había en Carla para después vestirlo de mujer. Para afianzar el trabajo le pasé varias películas: «Alfie», «Kill Bill» y «Orlando». Ella es muy inteligente y talentosa, captó el personaje rápidamente.
P.: Volviendo al tema del travestismo en la Argentina. Usted fue el primero en introducirlo en una ficción ¿Qué repercusión tuvo eso en el medio local?
W.L.: Tuvo un impacto muy fuerte. Recuerdo que en la inauguración de El Dorado se acercó a saludarme Cris Miró y lo primero que me dijo fue: «Cuando vi 'Tacos altos' definí mi sexualidad y tenía nueve años». «¡Qué responsabilidad!». Años más tarde se convirtió en una gran vedette, sin imitarme. Después apareció Florencia de la V que es muy buena actriz. A mí me parece una gran «capo cómica». Por algo el público la quiere y tiene una llegada tan masiva. En cambio lo mío es un poco más elitista. No he tenido la suerte de conocerla pero la admiro, porque yo sé lo difícil qué es en este ambiente que te respeten como mujer, sobre todo cuando no tenés una vagina entre las piernas.
Entrevista de Patricia Espinosa


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