20 de diciembre 2011 - 00:00

En julio 2012 abre el Museo Contemporáneo

Luego de un almuerzo en San Telmo, los coleccionistas María Constanza Cerullo y Aldo Rubino presentaron los avances en las obras del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires que abrirá sus puertas en el mes de julio. El MACBA está emplazado en la Avenida San Juan, sobre un terreno adyacente al del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y forma parte del proyecto Polo Cultural Sur que planea el Gobierno porteño. El edificio de 1.500 metros cuadrados albergará un amplio abanico de expresiones abstractas.

Los arquitectos Cerullo y Marcelo Vila diseñaron un frente vidriado y transparente que permite ver el interior del Museo y atisbar sus actividades desde la calle. «El edificio conforma una unidad morfológica con el MAMBA», cuentan los arquitectos y agregan que hasta tiene la misma altura. Las plantas para exposiciones temporales y las salas de exposiciones permanentes, los dos subsuelos y la librería, tienda y cafetería del último piso, se comunican por una escalera un ascensor vidriado y una rampa. «La fachada de vidrio y la orientación norte favorecen la incidencia directa de la luz del sol, el efecto invernadero y la ventilación natural de las oficinas hacia las terrazas» concluyen.

Resuelto con una estructura de hormigón a la vista y grandes paños vidriados, el edificio del MACBA contrasta con la vegetación que instalará el MAMBA detrás de las rejas de su frente ladrillero.

Durante el almuerzo se aclaró que las vertientes abstractas bien se merecen un museo.

En la Argentina la oposición a la modernidad, que ya tenía como antecedente el escándalo desatado en 1924 durante la exposición de Pettoruti en la galería Witcomb, que terminó a bastonazo limpio en plena calle Florida, alcanzó gran visibilidad con una expresión local de la fobia nazi ante el «arte degenerado». En 1949, Oscar Ivanisevich, pronunció un discurso donde calificó el arte abstracto como «morboso» y «perverso», y al hablar de las obras, dijo: «Ellas muestran y documentan las aberraciones visuales, intelectuales y morales de un grupo afortunadamente pequeño de fracasados». Los artistas abstractos no sólo tienen ahora un museo exclusivo para ellos sino que, además, disfrutan al ver que cotizaciones no dejan de escalar posiciones.

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