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En julio 2012 abre el Museo Contemporáneo
Los arquitectos Cerullo y Marcelo Vila diseñaron un frente vidriado y transparente que permite ver el interior del Museo y atisbar sus actividades desde la calle. «El edificio conforma una unidad morfológica con el MAMBA», cuentan los arquitectos y agregan que hasta tiene la misma altura. Las plantas para exposiciones temporales y las salas de exposiciones permanentes, los dos subsuelos y la librería, tienda y cafetería del último piso, se comunican por una escalera un ascensor vidriado y una rampa. «La fachada de vidrio y la orientación norte favorecen la incidencia directa de la luz del sol, el efecto invernadero y la ventilación natural de las oficinas hacia las terrazas» concluyen.
Resuelto con una estructura de hormigón a la vista y grandes paños vidriados, el edificio del MACBA contrasta con la vegetación que instalará el MAMBA detrás de las rejas de su frente ladrillero.
Durante el almuerzo se aclaró que las vertientes abstractas bien se merecen un museo.
En la Argentina la oposición a la modernidad, que ya tenía como antecedente el escándalo desatado en 1924 durante la exposición de Pettoruti en la galería Witcomb, que terminó a bastonazo limpio en plena calle Florida, alcanzó gran visibilidad con una expresión local de la fobia nazi ante el «arte degenerado». En 1949, Oscar Ivanisevich, pronunció un discurso donde calificó el arte abstracto como «morboso» y «perverso», y al hablar de las obras, dijo: «Ellas muestran y documentan las aberraciones visuales, intelectuales y morales de un grupo afortunadamente pequeño de fracasados». Los artistas abstractos no sólo tienen ahora un museo exclusivo para ellos sino que, además, disfrutan al ver que cotizaciones no dejan de escalar posiciones.


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