12 de febrero 2009 - 00:00

En "Viernes 13", la única originalidad es el título local

Después de probar otras aventuras, Jason vuelve a sus orígenes, vale decir a masacrar adolescentes descontrolados, sin aportar nada nuevo ni mejor que el ya mediocre film original.
Después de probar otras aventuras, Jason vuelve a sus orígenes, vale decir a masacrar adolescentes descontrolados, sin aportar nada nuevo ni mejor que el ya mediocre film original.
El viejo Jason, asesino serial de adolescentes cerca del Lago Crystal, ya venía haciendo cosas que superaban sus raíces, incluyendo luchar contra Freddy, tomar Manhattan por asalto y hasta descuartizar gente en el espacio (en la última secuela «Jason X»). Con todos estos delirios era lógico un regreso a las fuentes de Jason, es decir a sus orígenes en el Lago Crystal con sus matanzas de jóvenes descontrolados. Esto no es una buena noticia ya que, si el film original de 1980 ya era en realidad bastante mediocre, no había por qué suponer que un remake pudiera mejorar las cosas.

La mayor novedad para el público argentino de esta nueva masacre de Jason es el título local: «Viernes 13» y no martes como corresponde a la superstición local. Luego, la fórmula ya aplicada por el director Marcus Nispel y el productor Michael Bay a otros remakes de clásicos del terror de los 70 y 80 (empezando por «La Masacre de Texas») se vuelve a aplicar minuciosamente a un original que, como ya se dijo, no era demasiado bueno.

De hecho, hay una intención de no limitarse a la primera película sino que parece que el argumento de este regreso avanza al menos hasta la segunda de la saga (como todas aquellas primeras películas de Jason, salvo la tercera en 3D, se parecían mucho unas a otras, es difícil seguir el rastro argumental del remake).

Algo a favor

A favor de esta nueva versión se puede decir que mantiene el ritmo de violencia y desnudos casi más generosamente que en el film original. Pero salvo para los fans más rabiosos del splatter indiscriminado, la nueva «Viernes 13» no es muy entretenida a ningún nivel, ni tampoco tiene nada nuevo que ofrecer.

D.C.

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