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Enredada en su retórica, Europa finge actuar
El delicado «expediente libio», que abordarán los jefes de Estado y de Gobierno del bloque comunitario en la cumbre extraordinaria de mañana en Bruselas, contiene una clara disyuntiva: ¿debe Europa sumarse a una hipotética intervención militar previamente legitimada por Naciones Unidas, contra Muamar Gadafi o practicar la «política de lo posible», basada en una nueva estrategia de vecindad con el mundo árabe?
Optar por lo segundo encajaría mejor en el concepto de «soft power», de poder suave del cual la Unión Europea (UE) -y antes la CEE- tanto se enorgullece y que, en lenguaje llano, equivale a dejar hablar a la diplomacia, dar prioridad al arte de la negociación antes que a la pólvora de los cañones. Así nació la actual UE (en 1957), como método para superar dos atroces guerras en suelo europeo.
Hasta la fecha, parece claro que el dictador libio ignora completamente la diplomacia y que tampoco comprende el concepto de «poder blando», definido por el intelectual estadounidense Joseph Nye (1937).
No ha cedido ante la última Resolución 1970 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que le imponía duras sanciones a él, su familia y su entorno, entre ellas la congelación de sus bienes en Europa y un embargo de venta de armas a Libia.
Tampoco parece preocuparle lo más mínimo que la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya lo investigue por crímenes contra la humanidad por la represión y muerte de «miles» de civiles desde que se iniciaron la revueltas, a mitad de febrero pasado.
Y es que Gadafi tiene dos poderosos argumentos de peso entre sus manos: además de ser una plataforma natural para que miles de potenciales inmigrantes norteafricanos den el salto a Europa, el país posee, según datos de la compañía británica BP, el 3 por ciento de las reservas mundiales de crudo.
Mientras la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y los ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea (UE) se darán cita hoy en Bruselas para analizar qué nuevas medidas de fuerza podría tomar el bloque.
«No podemos permitirnos el lujo de pensar a escala reducida», reclamaba ayer la alta representante del bloque comunitario para Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), Catherine Ashton, en una intervención ante el Parlamento Europeo.
Dado que, sin el apoyo explícito de Rusia y de China en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas parece -a priori- poco probable que se logre una nueva resolución que faculte a la OTAN a establecer una zona de exclusión aérea sobre Libia, en opinión de numerosos expertos de Bruselas se debería optar por el «soft power», por una adaptación de los instrumentos de la Política de Vecindad, establecida en 2004, para cambiar el statu quo en toda la región.
Agencia DPA


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