- ámbito
- Edición Impresa
“Es bueno no depender de los deseos de terceros”
De regreso con la obra «Pillowman», Echarri critica la actual «subproducción» en TV, defiende el derecho de los actores a compartir las ganancias de publicidad y desliza que está dispuesto a «armar alguna cosa» propia.
Conversamos con Echarri sobre su intención de montar una productora («está bueno no depender de otros», dice), sobre el cine, sobre la polémica que genera el reclamo de los actores por los PNT (publicidad no tradicional) y, desde luego, sobre la excelente y macabra comedia de humor negro escrita por el irlandés Martin McDonagh y dirigida por Enrique Federman.
Periodista: Siempre asumió un fuerte compromiso con los reclamos de los actores. El último fue la participación de actores en las ganancias de los PNT, ¿lo ve factible?
Pablo Echarri: Si me pregunta si los productores querrán acceder a que su trabajo sea menos rentable por repartir con el actor, no creo que accedan. Ahora, creo que el actor debe ser parte del PNT porque esas publicidades están puestas entremedio de los actores y desde ese momento son parte. No cobra igual un actor que otro, todos se diferencian entre sí pues se trata de un trabajo individual. No es lo mismo que el PNT se haga con el cartel de unos que de otros.
P.: Propone entonces que el negocio del PNT sea compartido.
P.E.: Sí, hay que encontrar la forma para que los productores reconozcan algo que es indudable, que se promociona el producto al lado de la cara de determinado actor. Esto tiene mucho que ver con la propiedad intelectual, terreno en el que se ha avanzado muchísimo. Se han firmado acuerdos históricos, que implican que en las reposiciones o repeticiones, si implican exhibición del actor, debe ser cobrada, como ocurre con un libro, un cuento o una canción. Gracias a eso, actores y actrices podrán vivir en el futuro de eso que han generado durante su vida y que en un momento determinado ya no son capaces de generar.
P.: ¿Cómo se preparó para protagonizar la temible historia de calamidades que signa a su personaje en «The Pillowman»?
P.E.: Encontrar el personaje fue un parto, fue una búsqueda muy profunda. El tránsito por ese momento creativo, donde no se sabe por dónde ir para descubrirlo, resultó de mucha entrega y conexión por parte de todos nosotros. Meterse en una obra así, después de nueve años de no hacer teatro, y para colmo con un personaje de espesor y profundidad tan grandes, fue sumamente trabajoso. Además, hablamos de un texto muy largo, una obra grande, que implicaba no sólo de mi energía y expectativa sino también, inevitablemente, de la expectativa del resto.
P.: ¿Prepararse para la reposición de la obra le resultó igualmente trabajoso?
P.E.: Hay una diferencia abismal entre el estreno y esta reposición. El debut fue muy duro, como dije, pero ahora ese descubrimiento está hecho y me fui de vacaciones. Lo que tuvimos que hacer fue ponerlo a punto, para llegar al mismo nivel. Siento que hace mucho dejamos de hacer la obra, aunque nos fuimos de gira por el interior los últimos meses, y luego estuve con un rodaje.
P.: ¿Se refiere al film sobre textos de Fontanarrosa, donde comparte cartel con Federico Luppi y Norma Aleandro?
P.E.: Sí, «Cuestión de principios», la hicimos en Rosario, la tierra de Fontanarrosa, con dirección de Rodrigo Grande.
P.: ¿Y qué puede decir de los diferentes públicos, el de las provincias y el de la capital?
P.E.: Mi experiencia con diferentes públicos de teatro es corta pero buena. No pasa por el público del interior o el de Buenos Aires sino de cada función, donde a veces la sala aparece como dividida. Muchas veces a los artistas nos gusta creer que en el interior nos están esperando con mayor avidez. A veces eso se nota, pero no tiene que ver con la recepción de la obra en sí. Pero cuando alguien se ríe de algo en la comedia negra, y surgen carcajadas sobre hechos desafortunados y trágicos, quiere decir que se está entendiendo el código.
P.: ¿Qué quiere decir con sala «dividida»? ¿Algunos disfrutan y otros se espantan?
P.E.: A veces, cuando cuento los cuentos sobrevuelo la platea y siempre veo a los espectadores muy atentos, encantados u horrorizados, pero sin duda están tomados de las narices. Sé que hay gente que no tiene el sentido del humor con la vuelta de tuerca necesaria que exige la comedia negra. Entonces se espanta y algunos hasta se levantan y se van. Para algunos genera risa, para otros impavidez o el susto del que no entiende el código.
P.: ¿El público disfruta más de esta clase de tragedias monstruosas o prefiere el pasatismo de comedias, musicales o stand up?
P.E.: La gente necesita y busca la opción mas pasatista, el puro entretenimiento, pero en Buenos Aires convive todo pues se caracteriza por su diversidad. «Pillowman» es diametralmente opuesta a un espectaculo meramente pasatista y es para ese vasto público que quiere irse del teatro con algo más que pasar el rato. Es una obra inolvidable, te propone cierta modificación, no pasa inadvertida como hecho artístico, es contundente, es una experiencia teatral fuerte, profunda. Es una opción alternativa donde me enorgullece estar, aunque también me gustaría estar en una obra super popular.
P.: Lo que sí hizo fueron programas de TV populares y cine popular, o mejor, comercial. ¿Se ve filmando con directores independientes, menos «mainstream» y con bajo presupuesto?
P.E.: El cine argentino ahora es definitivamente todo de bajo presupuesto. Me considero parte del cine, no sé de qué franja o rótulo, pero por suerte forjé un espacio para que ciertos productores y directores creyeran que podía ser parte de sus películas. Espero seguir siéndolo y poder pagar con buenas actuaciones, también espero poder impulsar otras cosas, no sólo actuando.
P.: ¿Se refiere a montar su propia productora?
P.E.: Suena demasiado ambicioso y tampoco me veo como productor. Digo que me gustaría buscar y generar porque hay ideas que quisiera hacer pero que si yo no le meto primera, tal vez no se hagan nunca. Me gustaría poder hacer algunas películas, armar mi propia cosa, impulsar. O tomar un buen texto, juntarnos con amigos, un director y armar una sociedad.
P.: Parece temerle a la idea de formar una «productora» pero habla de sociedad, de armar alguna «cosa».
P.E.: Pasa que el actor no se caracteriza mucho por saber y conocer sobre producción. Ocurre que también uno avanza en su carrera y descubre lo bueno que es no depender tanto de deseos de terceros.
Entrevista de
Carolina Liponetzky


Dejá tu comentario