3 de marzo 2011 - 00:00

Escenas de acción, y con satanismo

Nicolas Cage, afecto a este tipo de productos demenciales, en «Infierno al volante».
Nicolas Cage, afecto a este tipo de productos demenciales, en «Infierno al volante».
«Infierno al volante» («Drive Angry 3D», EEUU, 2011, habl en ingles) Dir.: Patrick Lussier Int.:Nicolas Cage, Amber Heard, William Fichtner , Billy Burke, Tom Atkins, David Morse.

Lo divertido de este delirio de superacción es que por momentos luce realmente tan berreta como las viejas películas de camino de la década de los 70 a las que parece querer homenajear, como esas semiolvidadas odiseas de la carretera con Peter Fonda, como «Crazy Larry Dirty Mary» o Warren Oates, como la especialmente adecuada «Carrera contra el diablo», que mezclaba las clásicas persecuciones automovilísticas con horripilantes asuntos satánicos.

Sólo que la nueva, llena de choques, sangre y erotismo, y condimentada con algunos efectos bastantes obvios en 3D, no es una película clase B, sino una superproduccion de medio centenar de millones de dólares protagonizada por Nicolas Cage, que evidentemente tiene algún tipo de debilidad por este extraño género que podríamos definir como fantasías motorizadas.

El título local es una descripción casi literal de argumento sobre un hombre que ha jurado vengarse de la secta satánica que mató a su hija aunque para eso tenga que salir del mismo infierno, persiguiendo al líder de estos asesinos en autos vintage setentistas al lado de una camarera rubia y ligera de ropas (la bella y no muy expresiva Amber Heard), que encontró en la calle cuando la golpeaba el bestia de su novio.

En el medio de las más bizarras secuencias de sexo y violencia que se hayan visto en mucho tiempo en una producción mainstream hollywoodense, también aparece un extraño personaje llamado «El contador» (un muy divertido William Fichtner) que mata gente de las maneras mas extrañas y sobrenaturales.

Entendiendo que en un punto este producto esto es un delirio desastroso, a la vez tiene escenas muy bien filmadas y casi nunca deja de resultar entretenida, muchas veces gracias a sus defectos. Es el tipo de placer culposo destinado a convertirse en cult movie, además de segura candidata a las listas de películas malas pero divertidas.

D.C.

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