El punto caliente de esta crisis sin fin es, en estos días, Eslovenia, país terminal del largo viaje de los inmigrantes y refugiados de la ruta balcánica, última etapa del pueblo de desesperados antes del soñado ingreso en Austria y de ahí a Alemania y el norte de Europa.
Ayer también las autoridades de Lubiana acusaron a Zagreb de no hacer mucho para atajar el flujo de inmigrantes hacia la frontera eslovena, y anunciaron la decisión de desplegar el ejército en apoyo de las fuerzas de Policía en las tareas de vigilancia. Hasta media mañana, a Eslovenia habían entrado casi 6.100 inmigrantes, desde el viernes casi 20.000. Un número excesivo para Lubiana, que sostiene no poder acoger más de 2.500 al día.
Croacia, que también cerró y reabrió la frontera con Serbia de manera intermitente, rechazó las acusaciones y sostuvo que la mitad de los inmigrantes que llegan a diario van desviados hacia Eslovenia. Una situación crítica que llevó al presidente esloveno, Borut Pahor, a pedir, durante una visita a Bruselas, una "ayuda urgente" a la Unión Europea (UE).
En esta situación de confusión y acusaciones recíprocas, con miles de inmigrantes afrontando condiciones de vida al límite de lo posible, Croacia estaría pensando también en levantar una barrera defensiva en la frontera con Serbia, donde no se atenúa el flujo de inmigrantes del sur, de Macedonia y Grecia, según noticias difundidas por los medios.
"Si Eslovenia o Austria redujesen drásticamente el flujo de inmigrantes, nosotros no tendríamos más remedio que limitar las llegadas de Serbia", dijo al diario Jutarnij list una fuente gubernamental no bien precisada.
Esta posición contrasta con cuanto sostenido por el premier croata Zoran Milanovic, que en más de una ocasión durante la crisis de los refugiados se había dicho contrario a la construcción de muros en la frontera con Serbia. Un nuevo no a barreras 'defensivas' en las fronteras llegó en cambio de Belgrado. "Nosotros no levantaremos muros, sino que seguiremos construyendo puentes", dijo el premier Aleksandar Vucic.
Entretanto, miles de refugiados pasaron la noche bajo la lluvia y el frío esperando a que se les permita el paso desde Serbia a Croacia y desde este país a Eslovenia, dos fronteras que sufren aglomeraciones en la ruta que siguen los migrantes hacia Alemania y otros países de Europa Occidental. "La noche pasada fue una de las más difíciles. Hemos tenido una afluencia enorme de gente, muchas familias separadas. Personas que llegaban literalmente desnudas y descalzas, empapadas de lluvia", comentó a los medios la portavoz de la Cruz Roja Croata, Katarina Zoric. Las ambulancias y los equipos sanitarios tuvieron que atender en esa frontera a varias mujeres embarazadas y niños que presentaban síntomas de hipotermia.
| Agencias ANSA y EFE |


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