4 de marzo 2014 - 00:00

Fascismo, socialismo y neoliberalismo II

Qué es el fascismo continúa siendo una incógnita ideológica, a juzgar por las múltiples definiciones históricas prevalecientes en la actualidad. Aparentemente el más trascendente análisis del fascismo habría sido hecho por Ernst Nolte en su obra "Three Faces of Fascism". En principio se habría aceptado que el fascismo no es una filosofía política como lo es el marxismo, o aun el liberalismo, sino un accionar político. Que se diferenció en distintos países: Mussolini en Italia; Hitler en Alemania y Maurras en Francia, aunque este último nunca alcanzó el poder. Pero para Nolte el fascismo "es antimarxista, antiliberal, anticonservador, el principio del liderazgo, un partido del ejército y totalitario".

Cuenta la historia que Mussolini, el primer fascista, era marxista y admirador de Lenin. El iniciador del concepto fundamental del fascismo fue Lenin. Cuando tomó conciencia del fracaso económico del comunismo, decidió implementar la nueva economía y al respecto escribió dos ensayos refiriéndose al NEP (Nueva Economía Política). Así escribió: "Los capitalistas están entre nosotros. Están operando como ladrones; tienen ganancias, pero ellos saben hacer las cosas". Y refiriéndose al campo dice: "Vamos a tomar dos decisiones para satisfacer a los pequeños agricultores. La primera es una cierta libertad de intercambio. Libertad para pequeños propietarios privados, y la segunda es obtener commodities y productos".

Me atrevería a decir que las manifestaciones del fascismo están presentes en nuestro mundo occidental y cristiano. En primer lugar, el pensamiento de Thomas Sowell al respecto de la izquierda ha monopolizado la ética. Y puedo añadir que una suerte de fascismo se ha derivado de la social democracia y me atrevo a proponer el llamado Estado de Bienestar es un engendro de ese proceso democrático. No puedo menos que reconocer la influencia de Eduard Bernstain que surgiera de su discrepancia con Lenin al respecto de que el socialismo no necesitaba de la revolución proletaria, pues Marx se había equivocado y los trabajadores habían aumentado sus ingresos durante el proceso capitalista. Por tanto, al socialismo era posible llegar mediante el voto universal. Si bien lamentablemente tuvo razón, y a la eurozona me remito, no puedo menos que considerar que partió de un principio ético filosófico e histórico falso. Así fue que en su "The Preconditions of Socialism" escribió: "El socialismo es el heredero legítimo del liberalismo. No hay un pensamiento liberal que no pertenezca también a los elementos de las ideas del socialismo".

Ya debiéramos saber que el socialismo y el liberalismo parten de conceptos ético filosóficos antitéticos. Pero ahondando en la trascendencia de la social democracia de Bernstain que se ha apoderado de Europa, vale recordar sus palabras: "Hay una garantía de que la mayoría en una comunidad democrática no hará ninguna ley que hiera permanentemente la libertad". Esto se escribió en 1899, por tanto no conocía Hitler ni Mussolini, ni Perón. Por ello prevé asimismo que no habrá expropiaciones violentas sino que se harían, acuerdo mediante, por la organización (sic). Si no me equivoco lo que considera organización es lo que en la actualidad representa el incremento del gasto público que requiere igualmente niveles de impuestos que fácticamente violan los derechos de propiedad. Tal es la situación que podemos observar hoy en la evolución de la Unión Europea democráticamente.

Pero de este lado del Atlántico ya hemos visto y estamos viendo que en Venezuela la democracia se ha desplazado hacia un proceso autoritario y dictatorial, en el que por supuesto en nombre del socialismo del siglo XXI se desconocen y violan los derechos de propiedad y aun la libertad individual. No hablemos de Cuba, pues allí la diferencia es que el proceso dictatorial desconoció desde su amanecer la necesidad de elecciones. Así Fidel Castro ha regido un proceso dictatorial por más de 55 años, y todo parece indicar que las democracias latinoamericanas lo ignoran, tal como se manifestara en la reciente reunión del CELAC en La Habana, donde todos los líderes políticos latinoamericanos rindieron pleitesía a los criminales de América

Por supuesto en nuestro medio la problemática política se manifiesta de otra forma. El Gobierno se considera peronista y hoy su mayor opositor diría que resulta de la división del partido peronista. Pero al mismo tiempo nos encontramos ante una trayectoria socialistoide que se manifiesta doblemente. Por una parte, por el incremento que ha tenido lugar en el gasto público, proceso en el cual competimos con la social democracia europea; y por la otra, en las crecientes regulaciones de controles de precios y control de cambios que constituyen violaciones paladinas de la Constitución nacional.

Por otra parte, en América Latina reina la visión peyorativa del denominado neoliberalismo como justificativo para la supresión de la llamada economía de mercado. Ya François Revel había escrito que la izquierda tiene tres enemigos: el exterior, el interior y el anterior. En la actualidad, el enemigo exterior es el imperialismo, que se traduce en el antiyankismo como fuente nacionalista del poder político interno. Es decir, Lenin está presente con su visión de "Imperialismo Etapa Superior del Capitalismo". El neoliberalismo es la definición del fracaso de los intentos de apertura económica que fracasaron en la Argentina y otros países del continente como consecuencia de los errores de política económica cometidos fundamentalmente como consecuencia del incremento del gasto público y el mantenimiento de un tipo de cambio único como presupuesto falaz de controlar la inflación. Esa política se basó en el monetarismo de Chica-go, que ya hasta el propio Friedman había desconocido.

Entonces voy a insistir en que la discusión con la izquierda, que se ha apropiado de la ética, no es económica. O sea, no debemos referirnos más a la economía de mercado, ignorando que ésta es el resultado del respeto por los derechos de propiedad, e igualmente del derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Estos derechos están reconocidos en los artículos 14, 17 y 19 de la Constitución nacional. Por tanto, debemos reconocer que el sistema liberal parte de un concepto ético fundamental que es el reconocimiento de la naturaleza humana, y no la intención vana del socialismo de cambiarla para crear un hombre nuevo, como había propuesto Rousseau. Pero ese es un medio de justificar el poder político absoluto y fuere mediante el comunismo, el socialismo o el fascismo.

Puedo decir que hoy la supuesta lucha por la igualdad económica es la mayor amenaza que enfrenta la libertad en nuestro mundo occidental. Recordemos algunas observaciones que tienen una vigencia histórica. "Socialismo y concentración del poder son frutos de mismo suelo" (Alexis de Tocqueville). Y "Las sociedades que esperan su felicidad de manos de sus gobiernos, esperan una cosa que es contraria a la naturaleza". Por tanto, insisto que la oposición de Madero al fascismo es de hecho el antiperonismo. Diría que es el enfrentamiento entre Hitler y Stalin. El fascismo en la actualidad es el resultado de la ausencia de seguridad jurídica que genera la falaz lucha por la igualdad económica, que tiene como consecuencia la desigualdad política y la subsiguiente colusión de capitalistas con el Gobierno de turno.

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