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Financiamiento y cadenas de valor
Gustavo Marangoni
Asistimos a cambios estructurales en el contexto mundial. Coexisten en él severos problemas en las economías centrales con una gran oportunidad para países como la Argentina. Los elevados precios de los alimentos, minerales y energía se conjugan con una elevada demanda por parte de países como China, India y poderosas economías del sudeste asiático.
Tenemos la oportunidad y la necesidad de responder a estos cambios profundizando la industrialización y sentando las bases para el desarrollo sustentable. Nuestra producción debe incorporar mayor valor agregado, más empleo genuino y de calidad, mayor innovación, tecnología y conocimiento.
Ello requiere avanzar en una agenda de competitividad sistémica, que más allá del nivel del tipo de cambio (gran impulsor de la primera etapa de reindustrialización post-2003), permita dar saltos de productividad en un conjunto de actividades económicas. Sin tecnicismos, la competitividad la debemos pensar, más que como un fin, como un medio para mejorar la calidad de vida de la gente.
La hora de la sintonía fina
Cuando nuestra presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, plantea la necesidad de gestionar (en todos los órdenes de gobierno) bajo la óptica de sintonía fina, nos convoca a pensar estos desafíos sobre la base de la planificación estratégica. Ello debe orientar la búsqueda de respuestas concretas que permitan ir removiendo obstáculos que siempre aparecen en las distintas actividades económicas luego de un ciclo de crecimiento como el nuestro.
El lanzamiento hacia fines del año anterior del Plan Estratégico Industrial 2020 y el Plan Agroalimentario 2020 son ejemplos de lo anterior. Objetivos cuantitativos y políticas concretas en once cadenas productivas predominantes de la estructura agroindustrial, para promover más inversiones, más puestos de trabajo y sustituir el 45% de las compras al exterior en los próximos años.
Como responsable del Banco Provincia de Buenos Aires, una de las instituciones financieras públicas más grandes de nuestro país junto al Banco de la Nación Argentina, nuestro rol en esta etapa no es otro que poner el financiamiento y crédito al servicio de la economía real.
La orientación y el rol de nuestro Banco Provincia han sido definidos de manera muy clara al inicio de la gestión por parte del gobernador Daniel Scioli: transformarnos en una palanca crediticia y de financiamiento eficaz al servicio de la producción, la inversión y el empleo de las pymes. Brindando además servicios financieros eficientes para todas las familias de Buenos Aires, haciendo de la bancarización una verdadera política de inclusión social.
El Banco Provincia acaba de presentar un análisis de 16 cadenas de valor estratégicas en la provincia de Buenos Aires. Tuvimos la oportunidad de debatir con destacados académicos, funcionarios de primer nivel (nacionales y provinciales), empresarios grandes y pymes la importancia que tiene este tipo de instrumento para el diseño de políticas para el financiamiento del desarrollo.
Desgranamos el motor productivo de la Argentina, que es la estructura productiva y de servicios de Buenos Aires, en 16 cadenas agrupadas en Agrícolas (soja, trigo, maíz, girasol, cebada), Pecuarias (bovinos, lácteos, porcinos, aves), Industriales (construcción, petroquímica, metales, plástico, automotriz, textil y cuero) y Servicios (turismo, comunicaciones).
Éstas generan $ 165.000 millones de valor agregado, dos tercios del PBG (excluyendo al sector público), el 25% del empleo (cerca de 1,3 millón de puestos de trabajo) y el 90% de las exportaciones provinciales.
Hemos logrado tener un tablero de análisis para diseñar instrumentos de financiamiento acorde con las especificidades y necesidades de cada cluster productivo. Junto al Plan Estratégico Productivo del Ministerio de la Producción, y articulando con la Nación, la provincia y los municipios participaremos de los desafíos que supone trabajar por el desarrollo sustentable.
La importancia de la planificación estratégica en nuestra provincia queda de manifiesto si recordamos algunas pocas cifras: somos a nivel país el 50% del tejido industrial, más del 50% del sector automotor, el 40% del metalmecánico, el 65% de la refinación de petróleo y el 60% de la producción de químicos. Además de tener un protagonismo excluyente en el sector de agroalimentos, Buenos Aires es la provincia con la mayor producción agrícola tanto en maíz, girasol, trigo, cebada y soja, con más de un tercio de la producción total. Se procesa también el 54% de la harina de trigo y se produce el 67% del aceite de girasol.
Industrializar la ruralidad
A la estrategia de regionalización le estamos dando políticas concretas de acción. Este tipo de planes estratégicos que analizan cadena por cadena, eslabón por eslabón y empresa por empresa en cada complejo productivo ayudará a amalgamar un interior rural de la provincia, con mucho territorio y poca población, con un conurbano industrial, con mucha población en poca superficie.
Esta síntesis es industrializar la ruralidad, darles más valor agregado a las materias primas produciendo cada vez más alimentos elaborados. Esto nos ayudará a sembrar de oportunidades el interior, creando más empleo de calidad y mayores ingresos para evitar el despoblamiento del campo y ciudades pequeñas. La provincia de Buenos Aires está llamada a transformarse en una plataforma proveedora de alimentos de primer nivel en la cadena agroalimentaria mundial.
El trabajo de sentar las bases para el desarrollo es una construcción colectiva. Donde no existe espacio para falsas antinomias. Requerimos del campo y la industria, de los bienes y servicios, de los recursos naturales y del conocimiento, del Estado y del mercado. Todos se necesitan mancomunadamente si queremos dar saltos estratégicos en el camino virtuoso del desarrollo, con inversiones, con valor agregado, empleo y exportaciones.
Nuestra respuesta concreta de sintonía fina, además de trabajar para tener diagnósticos estratégicos, es una reciente línea de crédito para cadenas de valor, con un monto global de 50 millones de pesos a tasas de interés preferenciales.
Seremos un «socio de valor» en cada cadena, a partir de la elaboración de convenios con las principales agroindustrias y cadenas industriales y de servicios de nuestra provincia.
A través de un trípode estratégico entre el banco, una empresa núcleo en la cadena y el conjunto de pymes asociadas, fomentaremos el trabajo en red para vincular más pymes al crédito, llegar a nuevas regiones, ofrecer más servicios financieros y, fundamentalmente, plantear instrumentos crediticios según las necesidades específicas de cada cadena.
El horizonte es promisorio, ya que la reciente reforma de la Carta Orgánica del Banco Central plantea como uno de los nuevos ejes de la regulación promover y orientar el crédito productivo y favorecer el financiamiento a mediano y largo plazo. Seguramente, el trabajo conjunto de los bancos y el Banco Central ofrecerá mayores oportunidades para destrabar el apalancamiento de las empresas utilizando más crédito bancario y llevar adelante proyectos de inversión de mayor escala para ampliar la producción, la oferta de bienes y servicios y la creación de puestos de trabajo.


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