16 de febrero 2017 - 00:00

Gestos de Trump y el nuevo embajador en la Argentina

El presidente de Estados Unidos tiene 70 puestos diplomáticos vacantes. De ellos sólo nombró al embajador ante la ONU. La pelea con los demócratas en el Senado.

Donald Trump
Donald Trump
Estados Unidos tiene embajadas en 192 países y 21 organismos internacionales. Históricamente se ha seguido la regla "75-25" para cubrir esos cargos designando unos 160 embajadores profesionales (el servicio exterior tiene 7500 oficiales de carrera) y unos 53 "políticos" (Obama nombro 70 embajadores políticos, más del 32%) que en teoría se destinan a los países por los que el presidente tiene un interés especial, colocando gente de su confianza.

La realidad es que muchas de estas embajadas políticas se utilizan como premios, quedando el trabajo diplomático a cargo de secretarios de carrera -normalmente entre los mejores del servicio-, con el embajador dedicándose más que nada a la faz social. Así durante la última gestión de Obama las embajadas de Inglaterra, Francia/Monaco, Singapur, España, Japón, Bahamas, Naciones Unidas, California, Sudáfrica, Bélgica, Luxemburgo, Nueva Zelanda, República Checa, Finlandia, la Unión Europea, etc. fueron a parar a alguno de los 50 principales aportantes individuales a su última campaña presidencial con donaciones entre U$D 300.00 y U$D 1.2 millones (parece que las embajadas son más baratas que antes, en una cinta de 1971 se lo escucha a Richard Nixon diciendo que "cualquiera que quiera una embajada debe dar al menos U$D 250.000). Por debajo de estos están los recaudadores profesionales de campaña que recibieron entre otras, las embajadas de Noruega, Hungría y... la Argentina (en total 31 embajadas fueron destinadas donantes que recaudaron no menos de U$D 20.1 millones). Quizás ningún nombramiento despertó más oposición entre el cuerpo profesional del servicio exterior que el de Noah Bryson Mamet, un lobista "sui generis" (nunca se inscribió como tal), impulsado al puesto por su amigo de Jim Messina (administrador de la campaña 2012 de Barack Obama), quien no sólo no hablaba español sino que nunca había visitado nuestro país, pero habría recaudado unos U$D 3.2 millones de sus clientes y sabía lo amistosa que era Buenos Aires para la gente alegre. Su confirmación fue demorada dos años en el Senado (los embajadores son propuestos por el Presidente pero necesitan acuerdo del Senado, durando tradicionalmente en sus puestos 3 años o "a placer del Presidente") hasta que los demócratas cambiaron las reglas para poder sortear la oposición republicana (estas reglas son las que aseguran hoy a Trump poder nombrar los jueces para la Corte Suprema con un mayoría simple, en lugar de la superespecial de 60 votos). Si bien por una cuestión de cortesía los embajadores políticos han presentado históricamente sus renuncias antes del recambio presidencial (las renuncias fueron presentadas el 7 de diciembre y los telegramas de confirmación llegaron el 23 de diciembre), dándoseles algún tiempo antes de abandonar las embajadas para que los hijos terminen el período escolar, consigan casas en USA y se acomoden, etc., en una de sus primeras medidas Donald Trump echó a todos embajadores políticos de Obama el día de su asunción, para evitar que continuaran operando contra él. Esto despertó la furia de muchos, pero olvidaron que rompiendo la tradición en 2008 Obama había hecho lo mismo con la gente de Bush.

De los 70 puestos vacantes, hasta ahora Trump ha nombrado sólo al embajador ante Naciones Unidas (Nikki Haley), presentando candidatos -ninguno clasificado como gran donante- para la Unión Europea (Ted Malloch), Vaticano (Callista Gingrich) , Israel (David Friedman), Austria (Patrick Park), China (Terry Branstad) y México (Carlos Trujillo). Si no ha avanzado más es por la pelea en el Senado, donde los demócratas saben que no pueden frenar los nombramientos del equipo de Trump, pero intentan dilatarlos ad-nauseaum aprovechando la reticencia presidencial a usar la cláusula de guillotina para frenar las tácticas filibusteras. Si bien hay una lista de 12 candidatos políticos posibles para ocupar el Palacio Bosch, la decisión de Trump de forzar o no el bloqueo demócrata y nombrar un embajador político o uno de carrera (Argentina era hasta el año pasado el único país de la región con embajador político) será la mejor muestra de la estima del presidente yanqui por su par argentino (antes de Macri, Trump habló por teléfono esta semana con Jacob Zuma, de Sud África, y Muhammadu Buhari, de Nigeria). No podemos descartar que nuevamente Argentina quede un largo tiempo sin embajador norteamericano y los asuntos de aquel país sigan por un par de años en manos de Tom Cooney (encargado de negocios, cuyo mandato vencería en julio de 2019) y Kristen Pisani (jefa de la misión, que deja el país en julio de este año)

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