Fue el primer buitre contra el país. Y el más bravo de todos, al menos al principio. Después dio un paso al costado. Luego se convirtió en el "carancho" de los buitres. Reapareció enlistándose en los "me too" y se descubrió que tenía más de 800 millones de dólares en deudas de la Argentina. Planteó el año pasado una posición irreductible, aún más complicada que Paul Singer, el dueño de Elliott. Sin embargo, fue el primero en aceptar la propuesta que Luis Caputo llevó al despacho de Daniel Pollack, lo que curiosamente lo convierte ahora en el principal aliado estratégico del Gobierno de Mauricio Macri en el intento de terminar con el "juicio del siglo".
La Argentina conoció la existencia de Kenneth Dart y su fondo NM al mismo tiempo que se descubrió la actividad de los fondos buitre. Fue en noviembre de 2001, cuando ya con un default descartado, los inversores que habían creído en el Blindaje primero, y el Megacanje después, abandonaban con una estampida la tenencia de bonos argentinos. Sin embargo, apareció un interesado en comprar esos papeles al precio de mercado y en la cantidad que hubiera disponible. Era el fondo de Dart, que invirtió unos u$s 300 millones en esos tiempos, adquiriendo papeles al borde de la defunción a un valor no mayor al 30%. Sus vendedores eran bancos de primerísima línea de nivel internacional, que se encolumnaban entre los que ya no creían en el país.
En realidad, su "romance" con la Argentina comenzó casi una década antes. Fue cuando en los '90 decidió instalar en el país una sucursal del Mercosur de la fábrica de vasos térmicos Dart Container, más específicamente en el Parque Industrial Pilar, en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la decisión no tuvo que ver con su fe en la Argentina. Su primera opción había sido Brasil, donde no pudo desembarcar por haber sido declarado "enemigo del pueblo" en 1992, tras haber apostado al default en los años de Fernando Collor de Melo, con sospechas de pagos de coimas incluidos. La planta de vasos térmicos se mantiene en Pilar, detentando un cuasi monopolio en ese mercado.
En esos años, Dart ya no podía residir en los Estados Unidos, ya que había sido acusado por la IRS (la AFIP norteamericana) por una evasión fiscal de casi 200 millones de dólares; que lo obligó a "exiliarse" impositivamente y fijar su residencia en las Islas Cayman, desde donde opera actualmente. En 2005 su mansión en Sarasota, Florida, sufrió un incendio. La Policía del estado declaró que fue intencional y consultó a los abogados de Dart si éste tenía enemigos que podrían haber llegado a tanto. Dart mandó a decir desde el Caribe que tenía tantos enemigos que era imposible determinar quién podría haber sido el culpable. Mencionó a la mafia rusa (por su fallido intento de desembarcar en el grupo Yukos), a inversores brasileños y hasta a su hermano, por un problema de conducción de la empresa de vasos términos. Hasta hoy no se sabe quién fue el responsable del atentado.
Dart fue el primero en comprar deuda argentina en default, y también el primero en presentarse en el juzgado de Thomas Griesa para demandar al país. Fue en 2006, cuando aún estaba abierto el primer canje de deuda preparado en los tiempos de Roberto Lavagna. En ese momento el juez rechazó la presentación, aclarando que mientras hubiera un canje abierto, no podría haber demandas contra el país. Dart se retiró prudentemente y dejó el espacio abierto para la aparición de otro fondo buitre, en teoría más serio en la manera de operar en este tipo de cuestiones. Era el Elliott, de Paul Singer, quien tiene un particular desprecio por Dart. Lo ha definido como un "mediocre que complica la operación", según el relato de un alto colaborador del magnate.
Reapareció a mediados del año pasado, cuando Griesa llamó a enlistarse en su juzgado a los "me too", aquellos fondos de inversiones que también tuvieran bonos impagos de la Argentina y que no estuvieran inscriptos entre los beneficiarios del fallo de diciembre de 2012, donde el juzgado del segundo distrito de Nueva York le dio la razón a los primeros fondos buitre por un monto de u$s 1.330 millones. Dart se sumó a los "me too", con una deuda de u$s 835 millones, se supone, comprada en menos de u$s 200 millones. Luego, apoyó a Elliott, Aurelius y compañía en sus acusaciones de "daños irreparables" contra sus intereses por haber emitido la Argentina, en abril de 2015, unos u$s 1.550 millones a través del Bonar 24. Se lo llamó desde esos días el "carancho del buitre".
Sin embargo, el viernes pasado, todo cambió. Quizá cansado de tanto trajinar contra la Argentina. Quizá habiendo hecho cuentas y dándose cuenta que la ganancia que obtendrá aceptando la oferta del país superará el 900%. Quizá, quién sabe, como venganza contra su enemigo Singer por los ninguneos de éste. Lo cierto es que se trata del fondo buitre más importante de los que le dieron el sí a la propuesta que llevó Caputo al despacho de Daniel Pollack. Y tal vez sea el primero que ayudó a torcer la historia del "juicio del siglo" a favor del país. Sería curioso que, al final, haya que agradecer a Dart por sus gestiones de febrero de 2016.
| C.B. |



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