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Guía política y de negocios para no perderse en Brasil
En Brasil, los actores políticos son más importantes que los grupos a los que pertenecen, tanto que la capacidad personal para influir equipara a menudo la institucional. Desafortunadamente, las relaciones personales son una garantía de poder más fuerte que las relaciones institucionales.
Las categorías de los agentes del poder en Brasil están bien definidas geográficamente. Es casi imposible encontrar un gran actor político fuera de Brasilia. Fuera de la capital, muchos pueden pensar en la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) o en otras organizaciones empresariales, pero por más poderosas que sean, no son canales de cambio de políticas sino un vehículo de presión que a veces funciona y muchas otras veces, no.
El poder en Brasilia es difuso y se reparte entre numerosos actores individuales que no necesitan estar vinculados a una u otra alianza política para contar con fuerza y capacidad de influir.
A diferencia de otros países de América del Sur, el corazón de la política brasileña es el Congreso. Debido a una creciente dependencia de las alianzas partidarias, la presidenta Dilma Rousseff necesita tejer alianzas para asegurar la aprobación legislativa de sus propuestas. Para esos fines, el enfoque de los partidos no se basa en la afinidad o en la convergencia ideológica sino en el intercambio de beneficios inmediatos. Estos canjes se traducen en posicionamientos estratégicos dentro del Gobierno, como pueden ser ministerios o cargos clave en el segundo o tercer nivel.
En general, los líderes partidarios que coordinan esos intercambios con el Ejecutivo están situados, en su mayoría, en el Congreso. Un error repetido de los extranjeros que tratan de operar en Brasil es pensar que el líder de un partido político o grupo es el que ocupa el puesto institucional más alto.
Hay casos todavía más complejos, como el del poderoso Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el del vicepresidente, Michel Temer, que trabaja en torno a varios líderes. Estos forman una especie de confederación política, en la que el factor regional es predominante en la división de poder. De ese modo, para obtener la necesaria unidad en las votaciones que le interesan al Gobierno federal, hay que entablar negociaciones complejas que sirvan al interés de varios cenáculos dentro del partido.
En el caso del Partido de los Trabajadores de Luiz Inácio Lula da Silva y de Dilma, hay cerca de catorce corrientes internas. El PT funciona más como una confederación de partidos de izquierda, en la que socialistas, socialdemócratas, leninistas, y maoístas, entre otros, buscan lograr una convivencia. La fuerte dirección del expresidente hace que, aunque no sea el presidente del partido ni el actual jefe de Estado, constituya la persona con más capacidad de influir en el país.
Para no dar pasos en falso, hay que entender que es posible que organismos públicos sean liderados por una determinada corriente del PT que no está en un momento de buenas relaciones con otra corriente. Si alguien trata de hacer contacto con un individuo a través de alguien ubicado en otra cadena de mando, puede que el intento se diluya como si nunca hubiese ocurrido. Los empresarios y políticos argentinos pueden conseguir mucho más si asumen que algunos caminos no son obvios aquí aunque lo parezcan. Definitivamente, Brasil es un país complejo.
(*) Analista y estratega político de Arko Advice e investigador senior del Foreign Policy Centre de Londres.


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