18 de mayo 2011 - 00:00

Habló Moyano y evitó chocar con Cristina

Casi una semana después de las críticas de Cristina de Kirchner, Hugo Moyano rompió ayer el silencio pero evitó confrontar abiertamente con el Gobierno. Así y todo, convocó a una reunión de la CGT para definir un documento sobre los reproches de la Presidente.

El camionero informó sobre la cita en una charla que brindó, ayer, en la Universidad de Palermo, donde además defendió a su hijo Pablo, aseguró no sentirse «abandonado» por el Gobierno, criticó a Eduardo Duhalde y dijo que no es «segundo de nadie».

Sobre la crítica presidencial a los gremios, eligió una respuesta genérica. «Habría que observar su coherencia (de los dirigentes) y qué piensan de ellos sus afiliados». Consideró que no tiene «tanto poder» porque si no «¡saben cuántas cosas cambiaría!».

Consideró, además, que el kirchnerismo es importante «sobre todo en lo económico» aunque le «gustaría un mínimo imponible más alto».

Sobre la relación con el Gobierno, dijo no sentir que le hayan «soltado la mano» y agregó: «Sólo me interesa la mano del trabajador».

Cordial y por momentos bromista, cuando le preguntaron si se anotaría para algún cargo respondió: «No soy candidato a nada. Aunque algunos creen que soy candidato a la cárcel». Acto seguido dijo no servir para número dos. «O primero o nada».

Sobre Eduardo Duhalde, que lo acusó de ser un tigre de papel, devolvió el golpe: «No tiene votos ni para ser concejal de Lomas de Zamora». «Si yo soy un tigre de papel el es un enano de jardín», castigó.

Sobre los afiliados que cambian de gremio, dijo que es como el trato con una mujer: «Si uno no le da bola o la trata mal se va con otro».

Habló, además, sobre las patotas sindicales y las atribuyó a una degradación general de la sociedad.

Defendió, también, a sus hijos: «Mi hijo Pablo no es piquetero ni tiene nada que ver con ellos. No tiene nada de malo ser piquetero, pero eso es una chicana». Luego reconoció que tiene «temperamento» pero afirmó, además, que es «un dirigente del futuro».

Sobre las críticas contra su figura, eligió otra vez una respuesta irónica: «Bin Laden -dijo- es Don Bosco al lado mío». Y agregó: «Sólo falta que me acusen de violador». Luego consideró que «todas las barbaridades que se dicen de mí forman parte de las reglas del juego».

Antes de despedirse, aunque había dicho que no se consideraba «importante», volvió sobre sus pasos y, bíblico, afirmó: «Nadie apedrea a un árbol seco».

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