9 de febrero 2009 - 00:00

“Hay que pensar políticas para el tercer centenario”

Alonso: «Teniendo en cuenta que la colección del Museo vale 100 millones de dólares, ¿no puede la Argentina construir un edificio de 30 millones para albergarla? Me parece que se puede hacer».
Alonso: «Teniendo en cuenta que la colección del Museo vale 100 millones de dólares, ¿no puede la Argentina construir un edificio de 30 millones para albergarla? Me parece que se puede hacer».
Desde su origen, museos como los del Vaticano o el Louvre, más allá de la función de exhibidores de objetos que deparan placer estético, consideraban el arte que atesoraban como portador de valores universales. Pero en estas últimas décadas cambió ese perfil: los museos se multiplican por el mundo convertidos en lugares propicios para el esparcimiento y el encuentro social. Y mientras algunos suplantan la falta de auténticos tesoros con el bello envoltorio de su arquitectura; otros, atraen a miles y miles de personas con glamorosas muestras temporarias o buenos programas educativos.
Sin embargo, el atractivo inagotable de un museo siempre será la riqueza de sus colecciones, allí reside su verdadero poder. Así lo afirma el director del Museo Nacional de Bellas Artes, Guillermo Alonso, quien cuando se cumple un año de gestión, conversó con este diario acerca de los proyectos en curso. Para comenzar, el cambio presupuestario de 3 millones pesos anuales en 2008 a 13 millones en 2009, cifra que le permitirá aumentar el patrimonio, catalogar e investigar las colecciones y convocar especialistas. En su escritorio están las pruebas de los 48 libros que sólo incluyen pinturas, dibujos y grabados. Allí figuran 23 obras de Picasso, además del óleo en exhibición, y 900 obras de Piranesi. Entre los cambios a la gestión que impone la realidad, está la superficie aprovechable de 600 metros cuadrados de una profundidad insondable que descubrieron al vaciar las viejas piletas subterráneas de Obras Sanitarias donde hace más de un siglo se construyó el Museo, y que en breve se usarán para construir un nuevo auditorio.
Por otra parte, Alonso observa: «Es normal que vengan 1.200.000 personas al Museo, pero el número me genera mucho stress por el déficit de infraestructura, de ascensores, baños, seguridad, escaleras mecánicas».
Periodista: ¿Cuál es el balance de su gestión y en qué utilizará el presupuesto?
Guillermo Alonso: Un profesor de economía decía que las necesidades son siempre ilimitadas y los recursos siempre son escasos. Pero el Museo por primera vez en su historia tiene un presupuesto propio, y 6 millones, o sea un poco más del 40% del total, se destinarán a comprar obras de arte. Porque un museo de colecciones lo que nunca puede hacer, es parar de coleccionar.
P.: Las colecciones nunca van a estar completas, y aunque la decisión de comprar es la ideal, es un museo con carencias y con tantas obras guardadas que no puede exhibir porque no hay espacio. Y, por otra parte, ¿qué obras? En España fue fácil, no tenían Picasso ni Miró, ni los que se fueron por la Guerra Civil, los tuvieron que comprar.
G.A.: Analicemos este razonamiento. Un museo de colecciones es una institución permanente y el incremento de la colección es una aspiración permanente, mientras situaciones como que la reserva haya quedado chica son coyunturales. Como director mi deber es buscar la excelencia de la colección, y que mis pares del sector público entiendan la importancia de la inversión en arte. Excusas, siempre hay para todo. Si uno no compra porque la reserva está saturada, condiciona el futuro del Museo. Aunque comprar es muy difícil, hay que definir una política, hay que pensar la colección y el trabajo de catalogación servirá para este fin, porque surgen los caminos donde se va a invertir. El catálogo razonado es un abordaje integral a lo que significa la colección del MNBA y convoqué a los investigadores Roberto Amigo y María Baldassarre que además le pedirán a distintos especialistas del mundo que aporten su mirada sobre determinadas obras y colecciones. Es importante tener la posibilidad de intervenir en el mercado con compras que legitimen.
Concursos
P.: Antes de comprar hay que definir diversos criterios. ¿No sería mejor que los directores artístico y administrativo, cuyos cargos ya deberían haberse concursado, estén ya en funciones y puedan aunar conceptos?
G.A.: Esos concursos requieren una serie de pasos burocráticos. Ni bien asumí, iniciamos ese trámite y llegamos al fin. Pero hubo un cambio del sistema de recategorización de todos los empleados del sector público, y hoy la norma no está reglamentada, quedó en el vacío. No puedo avanzar en un proceso que después no va a tener validez y que estimo se resolverá en marzo. Pero en las compras también intervienen el director y el consejo asesor del museo, que analizan cómo crece y hacia dónde crece la colección.
P.: Sin embargo, se destacan algunos errores. Atilio Chiappori rechazó un Picasso que hoy está en el MOMA y muchos argen-
tinos que viajaban a Europa compraron cuadros falsos.

G.A: Este proyecto está para revisar y aprender de los errores. No hay colecciones en Latinoamérica de arte europeo como la del MNBA, hay piezas de primerísimo nivel. El proceso de coleccionismo ha tenido con distintos flujos, de donaciones privadas y políticas de compra por parte del Estado con resultados positivos. Me parece que repensar estas situaciones, generar reflexiones, va a mejorar la vida institucional del museo, es uno de los ejes de mi gestión.
P.: Cuando asumió dijo que duplicaría la superficie del Museo.
G.A.: Hay que marcar prioridades. No puedo delirar con un concurso internacional de arquitectura cuando convivo con problemas cotidianos como los discapacitados que bajan por la escalera porque el ascensor no funciona, o cuando no hay aire acondicionado en todas las salas. Soy optimista, el proyecto de ampliación va a suscitar mucho interés tanto del sector público como privado. Teniendo en cuenta que la colección del museo vale 100 millones de dólares (la cifra es aproximada), y hoy sería imposible reunirla, ¿no puede la Argentina construir un edificio de 30 millones para albergarla? Me parece que se puede hacer. Construimos una reserva para esculturas y cuadros de gran formato y haremos otra para mil obras. Los grandes proyectos hay que tenerlos, sostenerlos, pero no pueden funcionar como ideas excluyentes, ni se pueden olvidar las necesidades del día a día.
P.: Las celebraciones, como el Bicentenario, pueden ser una perversa vía de escape para eludir los problemas del presente. G.A.: Ahora hay que pensar políticas para el tercer centenario. Hay que tener la certeza
de que el país va a seguir existiendo. El Bicentenario
es hoy, es lo que el museo es hoy.
P.: Se escuchan quejas acerca del guión curatorial de la exhibición de arte argentino.
G.A.: La propuesta museológica se va a revisar. Mi aspiración es que el museo deje de ser una clase de geografía. No entiendo por qué al entrar al Museo de de la Argentina se ve la colección de arte europeo, y la de arte argentino permanece aislada. ¿Por qué no figura Klee junto Xul Solar? ¿Por qué no buscar familias y afinidades? Lo mejor que se puede hacer por los artistas y por el arte en general es integrar, contextualizar. El arte es el arte, uno no va a ver arte argentino o europeo, tiene que haber puntos de encuentros. La colección es tan vasta y tan compleja, desde arte precolombino al contemporáneo, pasando por el siglo XIX, que además del director artístico hay que incorporar tres áreas temáticas y tres curadores con tareas específicas. El aporte que quiero hacerle a esta institución es incorporar pensamiento, gente valiosa, que quede trabajando en el staff permanente.
P.: ¿Y Kuitca va a quedar en el rincón, detrás del Tótem de Dompé, junto al matafuego?
G.A.: Hace unos días saqué del depósito una serie de camitas de Kuitca, una obra emblemática que está en la colección de la Tate Gallery, y la coloqué en el ingreso a la sala.
P.: ¿Va a invitar curadores externos?
G.A.: Vuelvo un paso atrás. Este es un Museo de colecciones, no es un centro cultural. La prioridad es trabajar sobre su colección, con gente permanentemente abocada a la investigación a cómo debe crecer, a cuidarla y a relacionarla con sus pares del mundo. Luego, invitar a curadores externos le puede da una fluidez y un dinamismo diferente a las exhibiciones. Ahora lo invité a mi colega Pérez Gollán, el director del Museo Histórico, a curar una muestra de Arte Precolombino con dos colecciones públicas, la del MNBA y la de la Cancillería, porque el patrimonio del estado se debe ofrecer a la sociedad, para que lo vea y lo consuma. Los bienes públicos no tienen que estar guardado por años.
Entrevista de
Ana Martínez Quijano

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