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Hollande busca el domingo poner fin al ciclo Sarkozy
Con el fondo de la Torre Eiffel, un cartel de François Hollande se deja ver profanado por una inscripción que dice «mentiroso».
Un día después del cara a cara televisado con el presidente Nicolas Sarkozy, Hollande celebró su último gran acto en Toulouse (sur de Francia), tradicional lugar de cierre de campaña del centroizquierda. Allí repitió consignas para que Europa se oriente al crecimiento más allá del ajuste y remarcó que habrá cambios, si gana, en la carga impositiva, en detrimento de los más ricos.
Bayrou, tradicional aliado de la derecha, afirmó que la suya fue «una decisión personal» y no pidió a sus votantes que hagan lo mismo. Con más de 3,2 millones de votos, el 9,13% del total, Bayrou acabó quinto en la primera vuelta de las elecciones
A pesar de haber compartido el Gobierno con Sarkozy a principios de los años 90 bajo la administración de Jacques Chirac, Bayrou se negó a darle su apoyo por la deriva hacia la extrema derecha que ha emprendido el presidente saliente, en busca de los 6,5 millones de votos de Marine Le Pen.
Una «persecución» que ha colocado en la vanguardia de su campaña temas como la inmigración o las fronteras, que «pueden conducir a enfrentamientos entre franceses», según el político centrista. «La línea de Sarkozy es violenta y entra en contradicción con mis valores, los de mi corriente política y los del gaullismo», afirmó el diputado por Pau (sur). Bayrou aseguró que no quiere votar en blanco en el momento delicado que atraviesa Francia, por lo que se decantó por Hollande, pese a que dijo que tiene muchas diferencias con él.
Pero el centrista hizo un llamamiento al aspirante socialista para que se olvide de los partidos y haga un Gobierno de unidad nacional. En caso contrario, François Bayrou anunció que se situará en la oposición.
Con el respaldo de Bayrou, aunque sea a título personal, Hollande suma para la segunda vuelta el apoyo de la mayor parte de los candidatos eliminados en primera ronda, con excepción de la ultraderechista Le Pen, que quedó tercera el 22 de abril con casi el 18% de los sufragios y quien afirmó el martes que votará en blanco.
El candidato socialista tenía ya el respaldo del izquierdista Jean-Luc Mélenchon, cuarto en la primera ronda con el 11,11% de los votos; de la ecologista Eva Joly, sexta con el 2,31% y, de forma tácita, del resto de los pequeños aspirantes de izquierda radicalizada, que llamaron a derrotar a Sarkozy.
A ello suma que todos los sondeos lo sitúan en la cabeza de la segunda vuelta, con una distancia de entre cinco y diez puntos. Las encuestas señalan, sin embargo, que Sarkozy recortó distancias en las últimas 48 horas, y en el último sondeo, publicado ayer, el margen es de cinco puntos a favor de Hollande, que pierde 1,5 punto con respecto a anteriores estudios de opinión.
El candidato socialista superó el miércoles con buena nota la prueba del tradicional debate televisado -seguido por 17,79 millones de espectadores-, en el que su oponente tenía puestas muchas esperanzas para cambiar la tendencia. Una encuesta reveló que el 42% de los franceses lo consideró mejor en el debate, frente al 34% que apostó por Sarkozy.
Respaldo
Hollande, siguiendo los pasos de François Mitterrand, el único presidente socialista francés elegido por sufragio universal, cerró la campaña también en Toulouse y pidió no caer en el exceso de confianza. «No podemos ceder a la confianza, pese a que las encuestas nos dan ganadores, nada está logrado. La victoria hay que buscarla, merecerla, conquistarla, arrancarla de las manos de la derecha para ofrecérsela al pueblo entero», afirmó ante varios miles de simpatizantes.
Sarkozy también celebró su último gran mitin de campaña y lo hizo en la ciudad mediterránea de Toulon, de voto conservador, donde multiplicó las críticas a su rival, en particular a su intención de renegociar el tratado europeo de austeridad. «Cambiar el acuerdo ahora supondría reabrir la crisis de confianza, sería una locura», alertó Sarkozy.
«La elección es clave, no es una elección como las otras. El país puede sufrir ataques especulativos ante la irrealidad de un Gobierno socialista», lanzó Sarkozy. «Siempre es igual con los socialistas, hacen promesas a todo el mundo, pero no las podrán cumplir. Luego lleva años arreglar esas mentiras. La izquierda da lecciones pero es la izquierda la que arruinó nuestra República con su demagogia», afirmó.
Con gobiernos conservadores dominando el Reino Unido, Alemania, Italia y España, como en la gran mayoría del continente, una victoria de Hollande se transformaría en una excepción de alto impacto.
Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA; y Ámbito Financiero


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